El maestro y sus discípulos

“Había una vez un maestro que siempre respondía a todas las preguntas de sus discípulos sin titubear. Dos de ellos, más aventajados e inteligentes, quisieron ponerle a prueba. Para ello, decidieron preguntarle algo inventado, de tal forma que el maestro se equivocara al responder. Uno de los discípulos apareció con una mariposa  que usaría para confundir al maestro.

¿Qué piensas hacer con esa mariposa?  preguntó el otro discípulo.

Voy a esconder la mariposa en mis manos y preguntaré al maestro si está viva o muerta. Si dice que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Así, cualquiera que sea su respuesta, será una respuesta equivocada.

Los dos discípulos, decididos fueron entonces al encuentro del maestro, que estaba meditando en lo alto de la colina. Uno de ellos le dijo:

Tengo aquí una mariposa, dime maestro ¿está viva o muerta?

Tranquilamente el maestro sonrió y respondió:

Depende de ti, la mariposa está en tus manos.”

Aunque la vida en muchas ocasiones nos plantea retos o situaciones que en principio no sepamos resolver. La solución está en nuestras manos. Sólo tenemos que encontrarla.

Fastidios cotidianos o “daily hassless”

A lo largo de nuestra vida, solemos enfrentarnos a nuevos retos y dificultades que debemos afrontar. Aparecen problemas económicos, familiares, laborales, etc., que alteran la estabilidad a la que estamos acostumbrados, y que puede provocarnos cierta ansiedad. Sin embargo,  diariamente aparecen situaciones, que suelen darse con frecuencia, y que a simple vista no suponen un problema o acontecimiento extraordinario a superar. Son circunstancias vitales que aún sin tener categoría de problema, si nos generan estrés. Son los llamados “fastidios cotidianos” o “daily hassless“. Experiencias cotidianas estresantes, de efecto acumulativo que tienen repercusión en nuestro estado de ánimo. Normalmente, los fastidios cotidianos suelen ser de tipo interno, como por ejemplo una dificultad personal para realizar alguna actividad o tarea, o de tipo externo o contextual, como por ejemplo tener un vecino ruidoso. Generalmente pasan desapercibidos  ya que se dan la mayoría de los días, pero estos pequeños inconvenientes que tenemos que solventar para continuar adelante, van agotando nuestras energías. Los fastidios cotidianos dependen de la persona y su entorno y varían desde madrugar, soportar al jefe, un atasco, o encargarse de las tareas domésticas.

Los síntomas más habituales suponen cansancio, agotamiento psicológico, irritabilidad, y poca tolerancia al comportamiento de los demás. La persona que poco a poco va gastando sus energía en estos fastidios cotidianos, tiene la sensación de perder la paciencia con facilidad, y tiene reacciones desproporcionadas a los acontecimientos normales. En definitiva, la persona refiere sentirse estresada.

El afrontamiento negativo de estas situaciones que inevitablemente tenemos que hacer frente cada día, provoca una alteración en nuestro estado de ánimo, que sin llegar a provocar episodios depresivos, si puede hacernos sentir mal. En muchas ocasiones, escuchamos a muchas personas decir, que verdaderamente no tienen un problema importante que les pueda crear angustia. Que su vida es normal, pero sin embargo tienen este estado alterado.

Si nos paramos a pensar, ¿de qué forma nos enfrentamos a estas circunstancias? ¿Cuáles son nuestros pensamientos? ¿Qué nos decimos ante estas situaciones?

Nuestra forma de enfocar estas situaciones, es determinante a la hora de sobrellevar los quehaceres de nuestra vida. Un buen afrontamiento de los fastidios cotidianos, consiste en otorgar a la situación su importancia real. Cuando nos dedicamos a “terribilizar” sobre acontecimientos que no poseen mayor importancia,  la situación se vuelve insoportable. Así, simplemente el hecho de pensar que mañana se volverá a repetir, nos hace percibirnos incapaces de superarlo y de soportarlo nuevamente. Pero, ¿verdaderamente es tan terrible, es tan insoportable?

Debemos plantearnos, si realmente nos merece la pena dedicar tanto tiempo y energía a esa situación. Porque ¿qué control tengo sobre ella?  Por tanto, es importante, relativizar los acontecimientos que nos suceden en nuestra vida, y etiquetarlos,  según lo importante que son. Consumir energías en algo que sabemos que se encuentra fuera de nuestro control, y que inevitablemente tenemos que vivir, como un atasco, nos afecta negativamente en nuestra salud psicológica. Tomar estas situaciones con humor, también nos ayudará a restar importancia, y cambiar nuestra perspectiva sobre el acontecimiento. Es necesario aprender a tolerar las situaciones que no nos son favorables y así regenerarnos un mayor bienestar.

La Piedra

“El distraído tropezó con ella.

El violento la utilizó como proyectil.

El emprendedor construyó, con ella.

El campesino cansado la utilizó como asiento.

Para los niños fue un juguete.

David mató a Goliat, y

Miguel Angel le sacó la más bella escultura.

En todos los casos,

la diferencia no estuvo en la piedra,

sino en el hombre.

No existe piedra en tu camino que no puedas

aprovechar para tu propio crecimiento”.

©Alvaro Rodriguez Mora 2017

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