Cómo mejorar nuestra concentración en los estudios

Uno de los problemas que siempre ha perseguido a los estudiantes ha sido las dificultades que en algún momento, se encuentran a la hora de estudiar, principalmente en épocas de exámenes. Las mayores dificultades que presentan estos estudiantes suelen ser la desmotivación hacia el estudio, los problemas de concentración y la falta de hábito.

Este tipo de dificultades reducen considerablemente la capacidad de aprendizaje y suele generar estrés a la hora de enfrentarse a los exámenes.

Pero ¿Cómo podemos hacer frente a estas dificultades y obtener un buen rendimiento cuando estudiamos?

Aquí vamos a dar las claves de estos problemas y ofrecer una serie de pautas y estrategias de estudio, que ayudarán a los estudiantes a aumentar su rendimiento y capacidad de aprendizaje, y por tanto su éxito.

  1. En primer lugar es necesario tener una actitud positiva hacia el estudio. Considerarlo como una actividad que tenemos que realizar y que nos proporcionará conocimiento y aprendizaje.
  2. Establecer un hábito de estudio. Muchos de los fracasos escolares y académicos vienen como consecuencia de no poseer un hábito de estudio apropiado. La rutina dentro del estudio es fundamental para tener éxito. Es recomendable estudiar cada día un poco, que estudiar el último día mucho. Nuestro cerebro trabaja mejor cuando vamos administrando pequeñas dosis de conocimiento. Estructura y organiza mejor la información que si aportamos todo el conocimiento de una vez. Esto último suele provocar una saturación y hacer que la información no quede fijada. Por tanto, estudiar una o dos horas diarias favorece el aprendizaje.
  3. Establecer horarios de estudios. Debemos tener en cuenta que el periodo de tiempo en que nuestra concentración se mantiene de forma adecuada, gira en torno a la hora. Por tanto, se recomienda planificar periodos de estudios de hora u hora y media, y establecer descansos de 10 minutos. En estos descansos debemos salir del lugar de estudio (sea nuestra habitación, o biblioteca). Estos no deben superar estos 10 minutos, ya que romperíamos el ritmo de estudio. Este tiempo es idóneo para descansar nuestra mente y para no romper la rutina que llevamos.
  4. Establecer un espacio de estudio. Ya sea en nuestra casa o en la biblioteca, es importante que tengamos un lugar donde estudiar. En casa, se recomienda tener un lugar exclusivo para el estudio, generalmente en nuestra habitación, donde encontremos la tranquilidad suficiente y tengamos a mano todo lo necesario. Si estudiamos en biblioteca, se aconseja hacerlo, siempre que se pueda en la misma zona o sitio. Esto sirve para condicionar ese lugar a la actividad, facilitando el aprendizaje.
  5. A la hora de planificar nuestro estudio, es importante jerarquizar las tareas y establecer un orden de prioridades. Es decir, normalmente, tenemos muchas actividades, tareas que realizar. Obviamente, no podemos hacerlas todas a la vez, y normalmente no tenemos que entregarlas todas al mismo tiempo. Por ello, debemos jerarquizar por cual asignatura debemos comenzar, y así sucesivamente de más urgente a menos. Esto nos ayudará a optimizar el tiempo y resolver una de las quejas  y situaciones de estrés más características de los estudiantes como es “no me da tiempo”. Es necesario que cuando estemos con una asignatura, nos centremos en ella y olvidemos de las demás. Si tenemos planteada nuestra programación, podemos eliminar el pensamiento de nuestra mente de cuanto nos queda por hacer. Esto nos ayudará a fomentar la concentración.
  6. Una estrategia para facilitar el hábito y reforzar la concentración y por tanto mejorar el estudio, es la utilización de técnicas de estudio. Entre ellas las dos principales son los esquemas y los resúmenes. Los esquemas y resúmenes, así como subrayar los aspectos más importantes, ayudan a nuestro cerebro a organizar y fijar mejor la información. Son recursos didácticos que facilitan el aprendizaje y ayudan a estudiar. Los esquemas, como su propio nombre indica, no pueden contener toda la información. Se deben estructurar con los conceptos básicos, de tal forma que de un golpe de vista, veamos toda la información. Si queremos ampliar alguna información, entonces recurriremos al libro o apuntes. 
  7. Otras estrategias para iniciar el tiempo de estudio, adaptarnos a él, y comenzar a concentrarnos, es:

Emplear cinco minutos en ver y organizar que haremos hoy. Esto nos ayudará a introducirnos sin darnos cuenta en la dinámica del estudio.

Repasar, si estamos en época de exámenes, lo que estudiamos ayer, en cinco o diez minutos. Este tiempo empleado serviría como “calentamiento” para introducirnos igualmente en el estudio.

8. Por último, una estrategia para facilitar la concentración, consiste en escuchar música  de fondo al estudiar. La música debe ser suave y melódica. Esta estrategia hace que nuestro cerebro se concentre de una forma más eficaz y nos ayude al estudio.

Estas sencillas estrategias, fáciles de seguir y poner en práctica nos ayudarán a eliminar esas dificultades que en época de exámenes suelen aparecer. Sin duda, ser firmes en su aplicación, nos resultará de utilidad para alcanzar nuestros objetivos y el éxito.

Controlar mi carácter

 

Consulta

Hola, tengo muchos problemas para controlar mis carácter  en general soy una persona tranquila y alegre pero hay momentos, en los que cuando algo me sienta mal, me siento como atacada por los demás entonces me enciendo y doy una mala contestación, al rato se me pasa y me doy cuenta que no es la mejor forma de afrontarlo, que he de serenarme, relajarme y no responder a las criticas de la misma manera, pero hay veces que lo consigo y otras que no.. sobretodo con mi pareja o mis padres, a  mayor confianza , mayor es el enfado, ..
¿qué puedo hacer?

 

Respuesta del Dr. Alvaro Rodríguez

Estimada lectora,

el problema que planteas tiene que ver con el control de la ira y la tolerancia a la frustración. En tu cabeza existe el pensamiento “las cosas, personas, situaciones, deben ser como yo deseo“. Esta premisa nos lleva a no saber tolerar cuando algo sucede de forma diferente a lo que esperamos, como por ejemplo una crítica . Entonces no aceptamos la realidad, nos frustramos y como en tu caso te sientes atacada. Tenemos la sensación de que si alguien no nos dice lo que queremos escuchar, entonces es que nos está atacando. Obviamente, esta postura hace que en todo momento nos encontremos a la defensiva, esperando un ataque y por tanto defendiéndonos.  La frustración en este caso, tú la proyectas en forma de ira hacia esa situación, más concretamente hacia los demás. Probablemente, ellos ante tus reacciones de ira, cambien su comportamiento para que tú no te enfades. Esto puede ser una postura correcta a priori, pero lo que consiguen al complacerte, es reforzarte estas reacciones inadecuadas para que la próxima vez actúes de la misma forma. Es decir, con ira nuevamente.

Además, añadido a estas reacciones seguramente te sienta mal, por esas contestaciones. La culpabilidad aflora cuando ves que has perdido el control y que verdaderamente no se merecían tu reacción. El hecho, de ocurrirte más a menudo con tus familiares más allegados, es fruto de la confianza como bien dices y de que te hayan reforzado ese comportamiento, como antes comenté.

La solución se encuentra en primer lugar en tolerar que pueden existir opiniones, incluso de personas que nos aprecian, que no compartamos o no nos gusten. Eso no quiere decir que hayan dejado de apreciarnos. Simplemente que tienen una opinión diferente.

En segundo lugar, tienes que comenzar a cambiar la premisa de que las cosas deben ser como deseas, por “Las cosas son como son, no como yo deseo. Aunque no me gusten“. Debes aprender a aceptar la realidad, sabiendo que en muchas ocasiones, las cosas, situaciones, personas, no son como nos gustaría. Esto es algo que no podemos controlar. Recuerda que para fomentar nuestro autocontrol, no tiene que cambiar mi entorno, sino cambiar mi forma de enfrentarme a él. Es necesario adaptarse de forma adecuada para evitar un malestar innecesario.

Si comienzas a utilizar estas premisas, te darás cuenta como tolerarás mejor las cosas que te sucedan, aunque no sean de tu agrado.

“Yo soy así”. ¿Por qué no cambiamos?

Cuantas veces hablando con alguien y reprobándole su actitud o comportamiento, hemos escuchado la frase “Yo soy así”. Muchas, ¿verdad? Sin embargo, y aunque esta persona tenga fe ciega en la certeza de esa frase, esta expresión no es más que una simple excusa para continuar comportándose como hasta ahora lo ha hecho, y por tanto evitar cambiar. También es habitual escuchar: “Es mi forma de ser y no puedo cambiarla. Siempre seré así”

Pero, ¿verdaderamente somos así? ¿Nuestra personalidad es inamovible? ¿Podemos cambiar, o efectivamente es imposible?

La solución a estas dudas, la encontramos en la siguiente explicación.

Cuando nacemos, heredamos una “forma de ser” denominada temperamento, que nos caracteriza en ser bebés tranquilos o nerviosos, dormilones o llorones, o comilones, por ejemplo. Luego, a lo largo de nuestra vida, con nuestros aprendizajes y experiencias, vamos modulando ese temperamento, convirtiéndolo en nuestra personalidad. Podríamos decir que el temperamento sería la piedra en bruto que vamos esculpiendo según nuestras experiencias, llegando a dar como resultado, la estatua que es nuestra personalidad. Pero como nuestras experiencias no acaban, nuestra personalidad siempre se va moldeando.

Es por ello, que cuando nos enfrentamos a una situación nueva, a un reto, actuamos con los recursos personales que tenemos, es decir que hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida. Solucionamos la situación como creemos y podemos. Cuando vuelve a darse una situación similar, la resolvemos de forma parecida, y así sucesivamente hasta convertir ese comportamiento en una rutina. Vamos atribuyéndonos “formas de ser”. Es lo que en psicología se denomina generalizar. Si ante un reto, siempre respondo con miedo, terminaré pensando que soy una persona miedosa.

Estas atribuciones personales, no son sino etiquetas que nos vamos colocando, que identifican nuestra personalidad, y las cuales nos hacen comportarnos, creyendo que esa es nuestra forma de ser. El hecho de etiquetarnos, a priori no es negativo, ya que nos da identidad personal a nosotros mismo y de cara a los demás, sin embargo puede provocarnos que no avancemos, que nos estanquemos.

Muchas veces ocurre que esa forma de comportarnos, aprendida, ya no nos resulta útil, no obstante seguimos comportándonos de la misma forma aunque no nos resuelva la situación de forma exitosa. Entonces nos frustramos y nos atacamos al darnos cuenta de nuestra incapacidad para afrontar tal situación. Y aunque esto nos acarrea problemas y malestar, y  se nos plantee cambiar, siempre justificamos nuestro comportamiento con un “es que yo soy así”, lo cual nos lleva inevitablemente a seguir siendo como somos. Entramos en un círculo vicioso tal que así:

Por ejemplo, si por motivos de ciertos errores cometidos, me atribuyo la etiqueta de “fracasado”, al ofrecerme un nuevo proyecto, no me veré capaz de hacerlo, porque mi creencia de fracasado me lo impide. Esto incrementará nuestro nivel de frustración e ineficacia, reforzando la idea de fracaso. Aferrarse a este círculo, rechaza cualquier posibilidad de cambio.

Pero ¿Cómo podemos cambiar este círculo vicioso que nos impide avanzar?

Nuestra personalidad no es estática. Nuestras creencias sobre nosotros mismo, tampoco tienen por qué ser ciertas. Podemos romper con este círculo, siendo conscientes de que nuestra forma de ser no es inamovible, aunque lo parezca. Siempre podemos variar esas etiquetas, y actuar de forma diferente a como lo hemos hecho hasta ahora. Actuar de la misma manera no quiere decir que sea efectiva. Recuerda, si siempre haces lo que siempre has hecho, siempre conseguirás lo que siempre has conseguido. El miedo al cambio puede ser muy poderoso, pero atrevernos a actuar sin miedo, hará que obtengamos resultados más exitosos.

Psicología infantil

Simpática viñeta acerca de la sobreprotección a los hijos. Puede llegar a límites insospechados.

Subir las escaleras para afrontar los retos

Hay retos de la vida o situaciones complicadas, que en algunos momentos debemos enfrentar y muchas veces las percibimos como insalvables, o incluso imposibles de superar. Casi siempre que nos enfrentamos a estas situaciones más difíciles de lo común, nuestra percepción de la misma como un “todo”, nos provoca desesperanza ante el éxito y sensación de incapacidad e ineficacia. Nos parecen imposibles de abordar, inalcanzables. Esto nos hace predecir un fracaso antes de comenzar.

Una buena estrategia para afrontar con éxito estas situaciones, es plantearnos esa dificultad como subir un edificio por sus escaleras. Si nos colocamos en la entrada del edificio, y miramos hasta el último piso, la altura nos abruma y pensamos que no seremos capaces de llegar. Eso mismo nos ocurre cuando nos planteamos un reto, un problema como un todo. Cuando sólo pensamos en el resultado final, en nuestra cabeza tan solo visualizamos la consecución de la meta, y se nos supone imposible. No nos vemos con la capacidad suficiente de afrontarlo. Esto nos provocará desánimo y sensación de incapacidad para abordar el problema con éxito. Plantearnos conseguir el objetivo de una vez, solucionarlo “ya” nos frustrará, ya que no encontraremos los recursos necesarios.

Sin embargo, si nos planteamos el reto como la escalera del edificio que tenemos que subir hasta alcanzar el piso final. Si nos planteamos comenzar a subir escalones, es decir, establecemos submetas o pequeños objetivos que podemos ir logrando iremos avanzando, ya que éstos no los percibiremos como inalcanzables o imposibles. Escalón a escalón. Esto nos ayudará a ir subiendo poco a poco,  pasando por todos los pisos del edificio. El primero, el segundo, el tercero, y así sucesivamente, hasta llegar al último piso.

Siempre, debemos tener en cuenta que la realidad nos planteara retrocesos en la consecución de nuestro objetivo. Es decir, durante el proceso de solución, podremos bajar escalones, incluso algún piso, pero hemos de pensar que aún retrocediendo, nunca estaremos en la entrada del edificio. Es decir, un retroceso o recaída, no implica volver a comenzar. También es necesario analizar por qué hemos tenido ese retroceso y aprender de él. Los errores  siempre se consideran una oportunidad para analizar lo ocurrido y aprender para avanzar.

Además, es importante ver cuánto hemos subido, que camino llevamos recorrido, para reforzar nuestro trabajo. Si solo miramos cuantos pisos nos quedan por subir, tendremos la sensación de estar en el punto de partida. Por ello, cada escalón o piso que subamos, tenemos que reforzarlo y ser conscientes del logro conseguido.  Cada pequeño objetivo, tenemos que convertirlo en un gran logro.

Los retos de la vida no nos exigen cumplirlos de inmediato. El ansia, la impaciencia no son buenas compañeras de viaje. Plantearnos su solución como un proceso con pequeño objetivos alcanzables, nos cambiará nuestra perspectiva del problema y aumentará nuestra eficacia y capacidad de afrontamiento. Esta estrategia nos ayudará a afrontar cualquier reto que la vida nos ponga, sin importar lo grande que pueda suponer.

El engaño de los horóscopos

De todos es sabido, que las predicciones de los horóscopos de las revistas, periódicos, etc., son un engaño. Sin embargo, también es cierto que cuando uno, escéptico en estos temas, lee por curiosidad su signo zodiacal, encuentra en muchas ocasiones coincidencias. Si ponemos la televisión y vemos algunos de estos programas donde aparece un supuesto “vidente” echando las cartas del tarot, o quizás algo más rocambolesco como conchas, piedras, velas, etc., observamos como la capacidad de persuasión es alta y la persona que llama, se suele sentir completamente identificado con aquello que su vidente le pronostica.

Pero ¿realmente estos videntes, el tarot, los horóscopos predicen lo que nos ocurrirá? ¿Nos ofrecen información válida y fiable sobre el devenir de nuestro futuro?

El engaño de estas predicciones está descrito en psicología mediante el Efecto Barnum, dentro del enfoque clínico de la personalidad.

El efecto Barnum consiste en realizar una predicción que verdaderamente no se corresponde con la persona, sin embargo se presenta bajo términos muy generales, ambiguos y vagos sobre el tema en cuestión (ya sea amor, dinero, salud, etc.) . Se suelen utilizar algunos términos técnicos, con frecuentes afirmaciones dobles e información favorable o moderadamente favorable para una muy amplia muestra de la población. Es por ello, que la información que se proporciona, con mucha seguridad, coincidirá con nosotros.

Ante este tipo de valoraciones, también se ha demostrado científicamente, como la gente presenta un elevado grado de aceptación, sin llegar a cuestionar la información que se les ofrece.

Así mismo, se juega con unas altas expectativas de escuchar lo que uno quiere escuchar, y aceptar incondicionalmente esa información.

Por tanto, queda demostrado que las dotes adivinatorias de las que algunos presumen, simplemente son un buen manejo de la información que nos transmiten y que queremos escuchar.

 

©Alvaro Rodriguez Mora 2017

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