¿Qué tipo de educación das a tu hijo?

 

La educación de los hijos, supone una tarea compleja y a la vez apasionante. Entraña grandes dificultades ya que no existe un “manual de instrucciones” que nos explique que hacer en cada momento. Una duda frecuente entre los padres es cuál es la forma más correcta de educar a nuestros hijos. Si estaremos haciendo lo correcto, si es excesivo el castigo que estamos imponiendo, si somos demasiados permisivos o muy estrictos. Otra duda que suele aparecer, es donde poner los límites de la conducta del niño. Es aún demasiado pequeño para enterder o es necesario que vaya conociendo ya las normas.

La educación de los hijos supone un trabajo difícil y costoso, donde se invierten muchas energías para conseguir que un niño se vuelva una persona madura, racional e independiente. Este objetivo que se torna satisfacción y que todo padre y madre se propone, se basa en cuatro tipos de estilos educativos. Estos estilos se fundamentan en dos dimensiones básicas:

La calidez emocional  frente a la frialdad y el control frente a la falta de control. A partir de estas dos dimensiones se establecen los cuatro tipos de estilos de educación que unos padres pueden llevar a cabo con sus hijos,

¿En cual de ellos te catalogarías?

En  primer lugar tendríamos el estilo Autoritario. Este se basa en las dimensiones frialdad emocional y control. Este estilo está representado por padres que imponen frecuentes castigos con altas exigencias en el control del comportamiento del niño, inflexibilidad y obediencia absoluta. No suelen expresar ni sentimientos ni pensamientos e impiden que los demás lo hagan. No suele existir el diálogo y son padres con altos niveles de ansiedad cuando la conducta del niño se sale de las normas establecidas. Suelen realizar constantes comparaciones lo cual es un caldo de cultivo para un futuro adulto inseguro. El resultado suelen ser niños temerosos, con baja autoestima y con dificultades para expresar sentimientos. Estos niños aparentemente parecen dóciles, sin embargo suelen generar grandes problemas de ansiedad. De adultos, se convierten en personas con grandes inseguridades, alta infravaloración personal  presentando frecuentemente explosiones de ira.

En segundo lugar nos encontramos con el polo opuesto. El estilo Permisivo, donde predomina las dimensiones calidez emocional y falta de control. Estos son padre que están muy involucrados con sus hijos sin embargo, suelen carecer de normas y límites. Es un estilo, donde se evita la frustración del niño, dejándole que actúe en todo momento según su voluntad. Durante muchos años, se consideró la educación idónea, en contraposición a una educación autoritaria anterior. El pensamiento generalizado de los padres era que sus hijos no vivieran la represión educacional que ellos vivieron. Este estilo, al no conllevar la imposición de límites, genera niños caprichosos y adultos frustrados. Si un a un niño no se le ponen límites, considera que el universo gira a su alrededor. Esto hará que cuando de adulto algún acontecimiento no le sea favorable, éste le generará un nivel muy alto de frustración, al no haber aprendido de pequeño a tolerar que las cosas no siempre son como deseamos. Además, generará inseguridades, baja autoestima y falta de autocontrol.

En tercer lugar tendríamos el estilo Responsable. Este se basa en las dimensiones calidez emocional y control. Estos padre tienen claro que a los niños desde pequeños hay que empezar a enseñarle normas y límites. Suelen ejercer cierto control sobre la conducta pero siempre fomentando la independencia del hijo. Aunque imponen castigos, también aplican el refuerzo premiando las conductas adecuadas de los hijos. Estos premios o refuerzos, generalmente suelen ser verbales y no materiales, los cuales fortalecen de forma más positiva la autoestima. Son padre dialogantes y cariñosos. El resultado de este estilo de educación suele ser niños independientes, alegres y con un alto autocontrol, lo que generará adultos seguros de sí mismos, felices y con alta autoesatima.

Por último, tendríamos el estilo Indiferente, basado en las dimensiones frialdad emocional y falta de control. Este tipo de padres no suelen implicarse en la educación de sus hijos. Es la antítesis a la educación como la conocemos. Son padres que no tienen interés por la vida de sus hijos, por sus gustos, inquietudes o estados de ánimo. No muestran apoyo ni afecto. El resultado suele ser hijos con grandes carencias afectivas, con alta inmadurez y baja autoestima. Esto llevará a ser adultos inseguros, que se infravaloran y con alto riesgo de padecer trastornos psicológicos o caer en adicciones.

Estamos de acuerdo que la educación de los hijos no es fácil. Es también un aprendizaje continuo de los padres donde se comenteran errores. Errores que tienen que servirnos para seguir educando de la forma más sana y positiva posible. Estos cuatro estilos pueden ayudarnos a identificar nuesta educación y corregir aquellos aspectos que tengamos que mejorar.

 

 ”Si ponemos normas y límites a nuestros hijos, crearemos adultos sanos y seguros”