¿Cómo puedo dirigir mi destino? Utiliza la Profecía Autocumplida

 

¿Soy capaz de dirigir mi destino?, ¿Cuando tengo una creencia firme sobre algo, acaba cumpliéndose?, ¿Si creo que algo va a pasar, terminará ocurriendo?

Todas estas preguntas, aunque nos resulten llamativas e incluso con tintes mágicos, podemos contestarlas con un si. Sí somos capaces de hacer que nuestro destino esté dirigido por nuestros deseos. Sí puede llegar a cumplirse aquello en lo que creemos firmemente. Y por supuesto, en muchas ocasiones ocurre aquello que pensamos que va a ocurrir.

Y ¿es todo esto magia?. La respuesta rotunda es no. No es magia, es lo que se denomina en psicología la Profecía Autocumplida Efecto Pigmalión (basado en mito griego del escultor Pigmalión).

La profecía autocumplida es un término que se acuñó para definir que cuando tenemos una creencia firme sobre algo o alguien, tiende a cumplirse por el simple hecho de ser coherente con las creencias que tenemos. El término se basa en las expectativas que generamos ante las personas o los acontecimientos futuros. Dependiendo si las expectativas son de éxito o de fracaso, llegaremos a conseguir nuestros objetivos o no. Se basa en la creencia de quien lo predice, la forma en que  este actúa según lo que cree acerca de eso, elaborando progresivamente esta información hasta considerarla real y ocurriendo como se pronosticó. Creemos que algo va a suceder de una determinada manera y actuamos como si eso fuera cierto, lo que ofrece muchas más probabilidades de que se produzca.

Para ejemplificar de forma sencilla el concepto, utilizaremos la metáfora de dos niños que están aprendiendo a montar en bicicleta. El primero de ellos, antes de montarse comienza a pensar que existen muchas probabilidades de caerse, ya que al estar aprendiendo, aun no es habilidoso. Al montarse y comenzar a pedalear, comienza a generar pensamientos de que va a caerse. Estos pensamiento se repiten continuamente, lo cual hace que el niño termine cayéndose de la bicicleta. Una vez en el suelo, la afirmación que se da es “sabía que iba a caerme”.

El segundo niño, antes de montarse en la bicicleta, genera pensamientos de que lo hará bien y mejorará su aprendizaje. Una vez montado, los mensaje que se envía son de que va consiguiéndolo y que va bien. Al terminar el trayecto, consigue no caerse.

La diferencia entre los dos niños son las expectativas de éxito o fracaso respecto a la actividad que cada uno se ha creado. El primero de ellos, tiene la convicción de que es más probable que se caiga (expectativas negativas o de fracaso), lo cual le genera una inseguridad y falta de autoconfianza que le lleva a caerse. Una vez en el suelo, refuerza su creencia de incapacidad. Esto es la profecía autocumplida, cierra el ciclo de su creencia negativa. La consecuencia es dejar de intentar aprender a montar en bicicleta reafirmando su incapacidad.

Sin embargo el segundo niño, desde el primer momento se genera expectativas de éxito, llevándole a conseguir su objetivo. Por supuesto, le reforzará su autoestima así como la visión positiva y eficaz de sí mismo.

A lo largo de nuestra vida, en muchas ocasiones nos generamos expectativas de fracaso ante situaciones o personas a las que nos enfrentamos. La profecía autocumplida nos conduce al fracaso, teniendo la sensación de que no controlamos lo que nos sucede. Esta teoría nos enseña que cambiando la creencia acerca de las personas, acontecimientos y nosotros mismo, podemos cambiar el curso de nuestra vida y conseguir aquello que nos propondramos.

“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón” (Henry Ford).