La motivación del paciente

En algunas ocasiones hay pacientes que abandonan la terapia comentando que no notan que avancen o que no ven mejoría. Es lógico que la angustia que invade al paciente respecto a su problema les haga tener prisa y que esto supone una gran esfuerzo por su parte. Muchos pacientes plantean que es muy difícil y siempre les digo que jamás se dijo que cambiar fuera fácil. Ante esta situación siempre planteo la misma reflexión. Un problema o trastorno que viene generando malestar durante meses o años, no puede eliminarse en una o pocas sesiones. Hay que ir despacio, asentando las estrategias terapéuticas que luego generalizaran el cambio. Así mismo, el paciente debe saber en todo momento que es él quién genera ese cambio, no el psicólogo. Éste último, identifica y evalúa el problema, establece los objetivos terapéuticos y dice cómo llevarlos a cabo, sin embargo es el propio paciente quien tiene que poner esas estrategias en marcha y provocar “su cambio”. De poco sirve establecer una terapia ajustada al paciente si a la persona que se la proponemos no la lleva a cabo.
Cierto es que es nuestra responsabilidad motivar e implicar al paciente en el proceso terapéutico, pero nunca podremos reemplazar la motivación interna de la persona a querer cambiar.

Mi aceptación personal

Busca tu felicidad

Cambia tu vida

Atentados terroristas y estrés postraumático

Atentados Bruselas

 

Tras los recientes atentados terroristas cometidos en Bruselas y los sucedidos en París, la sociedad sufre una gran conmoción. Atentos a las noticias, generalmente tendemos a fijarnos y sentir el número de víctimas mortales. Obviamente, estas víctimas nos provocan un gran abatimiento y tristeza ante tal injusto y horrible suceso. Como contrapunto, el hecho de saber que existen heridos, a pesar de la gravedad de sus heridas o de su estado, suele esperanzarnos sabiendo que han salvado sus vidas. Tendemos a creer que estas personas aunque víctimas también, curaran sus heridas y seguirán sus vidas a pesar del terrible suceso. Sin embargo aún teniendo la enorme suerte de no haber perdido su vida en el atentado, generaran una serie de problemas psicológicos de enorme importancia.

Las víctimas que sobre viven a estos atentados experimental el llamado Trastorno por Estrés Postraumático.  Pero, ¿qué significa padecer este trastorno?

El trastorno por estrés postraumático es lo que conocemos coloquialmente como el trauma que a esas víctimas le genera la experiencia vivida. Desde un punto de vista clínico, este trastorno se define como todos aquellos síntomas psicológicos que experimenta una víctima que ha sido expuesta a un acontecimiento traumático intenso.

Estas personas han presenciado un acontecimientos donde han muerto otras personas, o han resultado gravemente heridas, como es el caso del atentado de Bruselas. Esta personas, además han visto peligrar su vida o integridad física y por ello ha generado un  intenso temor llegando al horror. Esto en un primer momento le provoca un shock caracterizado en lo que se denomina embotamiento afectivo. La víctima no puede mostrar ninguna emoción. Da la sensación como si en ese momento no reaccionara. Como si estuviese tranquilo, pero nada más lejos de la realidad. La intensidad del suceso desborda a la mente de tal forma que ésta es incapaz de mostrar lo que siente.

Tras este primer estado de shock, al cabo de los días o semanas, la persona comienza a reaccionar, a darse cuenta de lo que ha ocurrido y el gran impacto emocional origina el llamado estrés postraumático. Este se caracteriza porque la víctima va a reexperimentar el trauma de forma recurrente. La sintomatología que comienza a aparecer es la siguiente:

  • La víctima comienza a tener imágenes o pensamientos constantes sobre el atentado que es incapaz de controlar y que le invaden.
  • También es habitual que el trauma se experimente con pesadillas relacionadas con el trauma.
  • Aparecerán los llamados flashback donde la víctima revive el acontecimiento, teniendo la sensación de que está ocurriendo de nuevo. Experimentará alucinaciones y reacciones corporales similares a las que experimentó el día del atentado.
  • Generalmente, esta reexperimentación se acompaña de ansiedad intensa que vuelve a paralizar a la persona.

Toda esta síntomatología genera el mismo miedo que generó en el momento del acontecimiento traumático. A partir de aquí, el día a día de la persona se altera de forma considerable, llegando a provocar un malestar intenso.

Por último, es muy probable que la víctima evite todas aquellas situaciones, lugares o acontecimientos que se parezcan a los ocurridos en el momento del atentado. Por ejemplo, los sobrevivientes del atentado de Bégica, evitarán acudir al aeropuerto o metro, incluso aunque no sea el de Bruselas.

Estos síntomas suelen mantenerse durante meses y es necesario la ayuda psicológica para poder afrontarlos. El paciente jamás olvidará el atentado, sin embargo la psicoterapia le ayudará a afrontar y superarlo de forma que deje de interferir su vida.

 

“Aquellos síntomas psicológicos que experimenta una víctima que ha sido expuesta a un acontecimiento traumático intenso”

Nuestro taburete de madera

En una ocasión llegó a mi consulta una paciente completamente abatida, desmotivada y triste. Cuando le pregunté que le ocurría, ella me explicó que durante mucho tiempo apostó por una relación sentimental en la cual se implicó intensamente relegando el resto de aspectos de su vida. Poco a poco fue abandonando amigos, dejando algunas aficiones e incluso los contactos con su familia se redujeron. Desde siempre fue muy inquieta en su profesión, sin embargo se acomodó y se planteaba el trabajo como un simple sustento vital y no como una crecimiento personal, todo esto por dedicarse más a su pareja y compartir más tiempo con ella.

Entonces le pregunté qué ocurrió, a lo que ella respondió que su pareja le había dejado. Esto le había generado un vacío inmenso. Se encontraba perdida y con un gran sentimiento de soledad. No encontraba sentido a su vida y repetía constantemente que se sentía vacía.

Entonces, le expliqué una sencilla metáfora con la que entendería su situación y como solucionarla. Le ilustré con la metáfora del “Taburete de madera“.

Imagínate por un momento le expliqué, que te sientas en un taburete de madera que tan solo tiene una pata. Seguramente te encuentres inestable y tu cuerpo tienda a irse hacia los lados desequilibrándote. Probablemente tendrás que estar haciendo un esfuerzo constante con tus pies y tu cuerpo para evitar caerte. Este esfuerzo hará que te canses con facilidad y tus piernas se tensen. Además, seguramente tengas la impresión de que en cualquier momento puedes caer o se rompa la única pata que tiene y estarás constantemente con ese miedo.

Ahora imagina que tu taburete está compuesto no solo de esa única pata sino que tiene tres o cuatro patas que es lo habitual, o está compuesto de muchas más, seis o siete por ejemplo. Sentada en este taburete te encuentras firme, estable. Te sentirás segura y confiada que no caerás. Sabrás que si alguna pata se rompe, lo notarás pero no te caerás pues el resto de patas soportarán tu peso.

Querida paciente le comenté, tu te has encontrado en el primer supuesto. Has sustentado tu vida en un solo área, en una sola pata. La relación sentimental. Has eliminado de tu taburete el resto de patas que eran parte de tu vida y de tu estabilidad emocional. Es por ello, que cuando esa pata se ha roto has caído. Al reducir las áreas de tu vida a una sola y ésta fallar, no has tenido adonde agarrarte emocionalmente. De ahí tu vacío. Es por ello que tendrías que haber conservado y reforzado el resto de patas o áreas de tu vida como los amigos, las aficiones o la familia.

Por ello, es necesario que nuestra vida, nuestro taburete esté compuesto del mayor número de patas o áreas posible, familia, amigos, aficiones, trabajo, salud, etc. Cuanto más tengamos y tiempo le dediquemos, si en alguna ocasión nos falla una de esas patas, como la pérdida del trabajo, el fallecimiento de un familiar o una ruptura sentimental por ejemplo, podremos sustentarnos emocionalmente en el resto de patas. Debemos organizar y enriquecer nuestra vida fomentando actividades y relaciones sociales. Esto nos ayudará a afrontar con mayor garantías estas dificultades que pueden surgir en nuestra vida.

 

“Es necesario que nuestra vida, nuestro taburete esté compuesto por el mayor número de áreas posibles”

6 pasos para controlar los pensamientos negativos

 

 

Tenemos la idea de que el estado de ánimo es algo que se puede alterar sin nuestra voluntad. Es una idea muy extendida creer que ante una reacción de desánimo, la tristeza o el malestar psicológico no podemos hacer nada. Creemos que es una reacción ante los acontecimientos que nos suceden y que estamos expuestos a las circunstancias. Pensamos que somos vulnerables y cualquier contratiempo nos puede sacar de nuestra estabilidad.

Sin embargo esto no es del todo cierto. Es verdad que los acontecimientos son incitadores y nos hacen reaccionar, sin embargo los dueños de nuestros sentimientos y emociones somos nosotros. Nosotros somos quienes tenemos el control absoluto sobre lo que sentimos en cada momento.

Y ¿cómo es posible tener este control? La explicación es muy sencilla. En muchas ocasiones, nuestros sentimientos están dirigidos por aquellas creencias que tenemos sobre lo que nos rodea. Esto es lo que se denominan creencias erróneas o ilógicas. Son reglas de vida, que no nos cuestionamos pero que nos hacen actuar casi de forma automática. Estas creencias están interiorizadas en nuestra mente y son asumidas sin más. Estas creencias erróneas son las responsables de hacernos reaccionar de forma negativa generándonos el malestar ya sea tristeza, rabia, ansiedad, etc.

Es por ello que si cambiamos aquellas creencias irracionales, cambiaremos nuestro estado de ánimo. Si controlamos lo que pensamos, lo que nos decimos a nosotros mismo, controlaremos lo que sentimos. Si cambiamos nuestro lenguaje interno, cambiaremos nuestras emociones.

Y ¿cómo podemos llegar a conseguirlo? A continuación vemos como hacerlo en 6 sencillos pasos.

  1. Detectar la emoción negativa. Si me siento mal es porque he pensado algo de forma errónea. Es decir, me estoy dejando llevar por un pensamiento negativo sin cuestionarlo.
  2. Detectar la creencia errónea o pensamiento negativo. Es necesario identificar cual es el pensamiento negativo que me ha llevado a la emoción anterior. Una buena técnica consiste en escribir esta creencia para verla más claramente sobre el papel.
  3. Valorar el beneficio que me aporta mantener esta creencia. ¿En que me beneficia?, ¿Para qué me sirve? Que saco de positivo seguir pensando así.
  4. Elaborar un pensamiento más realista y positivo alternativo. Buscar un pensamiento que me ayude a afrontar la situación a la que me estoy enfrentando, es decir un pensamiento adaptativo que me genere una emoción o reacción más positiva.
  5. Sustituir la nueva creencia o pensamiento adaptativo por la creencia errónea. Al elaborar una creencia más realista y ajustada a la realidad, seremos capaces de afrontar de forma positiva aquella situación a la que nos exponemos.
  6. Repetir la creencia hasta interiorizarla. La repetición constante de la nueva creencia hará que la interioricemos de forma que nuestro comportamiento y sentimientos se rijan ahora por esta creencia más positiva.

 

“Si cambiamos nuestro lenguaje interno, cambiaremos nuestras emociones”

¿Cómo puedo dirigir mi destino? Utiliza la Profecía Autocumplida

 

¿Soy capaz de dirigir mi destino?, ¿Cuando tengo una creencia firme sobre algo, acaba cumpliéndose?, ¿Si creo que algo va a pasar, terminará ocurriendo?

Todas estas preguntas, aunque nos resulten llamativas e incluso con tintes mágicos, podemos contestarlas con un si. Sí somos capaces de hacer que nuestro destino esté dirigido por nuestros deseos. Sí puede llegar a cumplirse aquello en lo que creemos firmemente. Y por supuesto, en muchas ocasiones ocurre aquello que pensamos que va a ocurrir.

Y ¿es todo esto magia?. La respuesta rotunda es no. No es magia, es lo que se denomina en psicología la Profecía Autocumplida Efecto Pigmalión (basado en mito griego del escultor Pigmalión).

La profecía autocumplida es un término que se acuñó para definir que cuando tenemos una creencia firme sobre algo o alguien, tiende a cumplirse por el simple hecho de ser coherente con las creencias que tenemos. El término se basa en las expectativas que generamos ante las personas o los acontecimientos futuros. Dependiendo si las expectativas son de éxito o de fracaso, llegaremos a conseguir nuestros objetivos o no. Se basa en la creencia de quien lo predice, la forma en que  este actúa según lo que cree acerca de eso, elaborando progresivamente esta información hasta considerarla real y ocurriendo como se pronosticó. Creemos que algo va a suceder de una determinada manera y actuamos como si eso fuera cierto, lo que ofrece muchas más probabilidades de que se produzca.

Para ejemplificar de forma sencilla el concepto, utilizaremos la metáfora de dos niños que están aprendiendo a montar en bicicleta. El primero de ellos, antes de montarse comienza a pensar que existen muchas probabilidades de caerse, ya que al estar aprendiendo, aun no es habilidoso. Al montarse y comenzar a pedalear, comienza a generar pensamientos de que va a caerse. Estos pensamiento se repiten continuamente, lo cual hace que el niño termine cayéndose de la bicicleta. Una vez en el suelo, la afirmación que se da es “sabía que iba a caerme”.

El segundo niño, antes de montarse en la bicicleta, genera pensamientos de que lo hará bien y mejorará su aprendizaje. Una vez montado, los mensaje que se envía son de que va consiguiéndolo y que va bien. Al terminar el trayecto, consigue no caerse.

La diferencia entre los dos niños son las expectativas de éxito o fracaso respecto a la actividad que cada uno se ha creado. El primero de ellos, tiene la convicción de que es más probable que se caiga (expectativas negativas o de fracaso), lo cual le genera una inseguridad y falta de autoconfianza que le lleva a caerse. Una vez en el suelo, refuerza su creencia de incapacidad. Esto es la profecía autocumplida, cierra el ciclo de su creencia negativa. La consecuencia es dejar de intentar aprender a montar en bicicleta reafirmando su incapacidad.

Sin embargo el segundo niño, desde el primer momento se genera expectativas de éxito, llevándole a conseguir su objetivo. Por supuesto, le reforzará su autoestima así como la visión positiva y eficaz de sí mismo.

A lo largo de nuestra vida, en muchas ocasiones nos generamos expectativas de fracaso ante situaciones o personas a las que nos enfrentamos. La profecía autocumplida nos conduce al fracaso, teniendo la sensación de que no controlamos lo que nos sucede. Esta teoría nos enseña que cambiando la creencia acerca de las personas, acontecimientos y nosotros mismo, podemos cambiar el curso de nuestra vida y conseguir aquello que nos propondramos.

“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón” (Henry Ford).

 

 

Me he aislado por miedo a los demás

Aislamiento

Consulta

Tengo 17 años. Yo era un chico que salia todo los días a la calle a jugar al fútbol, a hablar con los amigos. Hacía una vida normal.
Cuando llegué a los 13 años y por sentirme menospreciado por los demás, me aislé en mi casa y llevo 2 años así.
Estos últimos  6 meses he estado llorando. Salgo a dar una vuelta en la bici de unos 10 km. Al jugar al fútbol ya no me sentía como antes.  Me siento inseguro, me dan taquicardias, me noto que el corazón se acelera. Cuando salgo de casa tengo sensación de ahogo en la garganta, dificultad para respirar y respiro rápidamente. Cuando salgo creo que algo malo me va a pasar o que me van a decir cosas malas las personas. O cuando me miran creo que lo hacen por que se burlan de mi.

 

Respuesta del Dr. Rodríguez Mora

Estimado lector,

los síntomas que planteas son propios de un trastorno ansioso-depresivo como consecuencia de una situación de estrés social. Por la edad en que te ocurrió, la valoración externa de los demás suele resultar muy determinante y el hecho de no ser aceptado desencadenó toda la sintomatología. Lo lloros continuos, la ansiedad y las ideas de autoreferencia o paranoides. El haberte encerrado en casa y aislarte, ha provocado que los síntomas se agraven y aparezcan nuevos como inseguridad y baja autoestima. Además, la idea de no aceptación por parte de los demás, también se habrá generalizado, lo cual provoca en tí ese miedo continuo a la valoración negativa de los demás.

Tienes que darte cuenta que en su momento pudo existir una situación de desprecio o infravaloración, pero ahora eres tu quien está prolongando ese malestar. Por ello tienes que ser consciente que si no cambias la percepción que tienes sobre ti mismo, mantendrás el problema.
Es necesario que comiences a relacionarte y realizar actividades para ir recobrando la confianza. Así mismo, ir cambiando esos pensamientos negativos que te llevan a infravalorarte. Es conveniente que generes pensamientos que te ayuden a aceptar que no siempre podemos gustar a los demás. Querer hacerlo y tener la aceptación alsoluta de los demás es imposible.
Debes de ser tú el primero que se acepte a sí mismo para que nos acepten los demás.

“La idea irracional de que los demás no nos aceptan, nos genera aislamiento social”

¿Qué tipo de educación das a tu hijo?

 

La educación de los hijos, supone una tarea compleja y a la vez apasionante. Entraña grandes dificultades ya que no existe un “manual de instrucciones” que nos explique que hacer en cada momento. Una duda frecuente entre los padres es cuál es la forma más correcta de educar a nuestros hijos. Si estaremos haciendo lo correcto, si es excesivo el castigo que estamos imponiendo, si somos demasiados permisivos o muy estrictos. Otra duda que suele aparecer, es donde poner los límites de la conducta del niño. Es aún demasiado pequeño para enterder o es necesario que vaya conociendo ya las normas.

La educación de los hijos supone un trabajo difícil y costoso, donde se invierten muchas energías para conseguir que un niño se vuelva una persona madura, racional e independiente. Este objetivo que se torna satisfacción y que todo padre y madre se propone, se basa en cuatro tipos de estilos educativos. Estos estilos se fundamentan en dos dimensiones básicas:

La calidez emocional  frente a la frialdad y el control frente a la falta de control. A partir de estas dos dimensiones se establecen los cuatro tipos de estilos de educación que unos padres pueden llevar a cabo con sus hijos,

¿En cual de ellos te catalogarías?

En  primer lugar tendríamos el estilo Autoritario. Este se basa en las dimensiones frialdad emocional y control. Este estilo está representado por padres que imponen frecuentes castigos con altas exigencias en el control del comportamiento del niño, inflexibilidad y obediencia absoluta. No suelen expresar ni sentimientos ni pensamientos e impiden que los demás lo hagan. No suele existir el diálogo y son padres con altos niveles de ansiedad cuando la conducta del niño se sale de las normas establecidas. Suelen realizar constantes comparaciones lo cual es un caldo de cultivo para un futuro adulto inseguro. El resultado suelen ser niños temerosos, con baja autoestima y con dificultades para expresar sentimientos. Estos niños aparentemente parecen dóciles, sin embargo suelen generar grandes problemas de ansiedad. De adultos, se convierten en personas con grandes inseguridades, alta infravaloración personal  presentando frecuentemente explosiones de ira.

En segundo lugar nos encontramos con el polo opuesto. El estilo Permisivo, donde predomina las dimensiones calidez emocional y falta de control. Estos son padre que están muy involucrados con sus hijos sin embargo, suelen carecer de normas y límites. Es un estilo, donde se evita la frustración del niño, dejándole que actúe en todo momento según su voluntad. Durante muchos años, se consideró la educación idónea, en contraposición a una educación autoritaria anterior. El pensamiento generalizado de los padres era que sus hijos no vivieran la represión educacional que ellos vivieron. Este estilo, al no conllevar la imposición de límites, genera niños caprichosos y adultos frustrados. Si un a un niño no se le ponen límites, considera que el universo gira a su alrededor. Esto hará que cuando de adulto algún acontecimiento no le sea favorable, éste le generará un nivel muy alto de frustración, al no haber aprendido de pequeño a tolerar que las cosas no siempre son como deseamos. Además, generará inseguridades, baja autoestima y falta de autocontrol.

En tercer lugar tendríamos el estilo Responsable. Este se basa en las dimensiones calidez emocional y control. Estos padre tienen claro que a los niños desde pequeños hay que empezar a enseñarle normas y límites. Suelen ejercer cierto control sobre la conducta pero siempre fomentando la independencia del hijo. Aunque imponen castigos, también aplican el refuerzo premiando las conductas adecuadas de los hijos. Estos premios o refuerzos, generalmente suelen ser verbales y no materiales, los cuales fortalecen de forma más positiva la autoestima. Son padre dialogantes y cariñosos. El resultado de este estilo de educación suele ser niños independientes, alegres y con un alto autocontrol, lo que generará adultos seguros de sí mismos, felices y con alta autoesatima.

Por último, tendríamos el estilo Indiferente, basado en las dimensiones frialdad emocional y falta de control. Este tipo de padres no suelen implicarse en la educación de sus hijos. Es la antítesis a la educación como la conocemos. Son padres que no tienen interés por la vida de sus hijos, por sus gustos, inquietudes o estados de ánimo. No muestran apoyo ni afecto. El resultado suele ser hijos con grandes carencias afectivas, con alta inmadurez y baja autoestima. Esto llevará a ser adultos inseguros, que se infravaloran y con alto riesgo de padecer trastornos psicológicos o caer en adicciones.

Estamos de acuerdo que la educación de los hijos no es fácil. Es también un aprendizaje continuo de los padres donde se comenteran errores. Errores que tienen que servirnos para seguir educando de la forma más sana y positiva posible. Estos cuatro estilos pueden ayudarnos a identificar nuesta educación y corregir aquellos aspectos que tengamos que mejorar.

 

 ”Si ponemos normas y límites a nuestros hijos, crearemos adultos sanos y seguros” 

©Alvaro Rodriguez Mora 2017

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