Nuestro taburete de madera

En una ocasión llegó a mi consulta una paciente completamente abatida, desmotivada y triste. Cuando le pregunté que le ocurría, ella me explicó que durante mucho tiempo apostó por una relación sentimental en la cual se implicó intensamente relegando el resto de aspectos de su vida. Poco a poco fue abandonando amigos, dejando algunas aficiones e incluso los contactos con su familia se redujeron. Desde siempre fue muy inquieta en su profesión, sin embargo se acomodó y se planteaba el trabajo como un simple sustento vital y no como una crecimiento personal, todo esto por dedicarse más a su pareja y compartir más tiempo con ella.

Entonces le pregunté qué ocurrió, a lo que ella respondió que su pareja le había dejado. Esto le había generado un vacío inmenso. Se encontraba perdida y con un gran sentimiento de soledad. No encontraba sentido a su vida y repetía constantemente que se sentía vacía.

Entonces, le expliqué una sencilla metáfora con la que entendería su situación y como solucionarla. Le ilustré con la metáfora del “Taburete de madera“.

Imagínate por un momento le expliqué, que te sientas en un taburete de madera que tan solo tiene una pata. Seguramente te encuentres inestable y tu cuerpo tienda a irse hacia los lados desequilibrándote. Probablemente tendrás que estar haciendo un esfuerzo constante con tus pies y tu cuerpo para evitar caerte. Este esfuerzo hará que te canses con facilidad y tus piernas se tensen. Además, seguramente tengas la impresión de que en cualquier momento puedes caer o se rompa la única pata que tiene y estarás constantemente con ese miedo.

Ahora imagina que tu taburete está compuesto no solo de esa única pata sino que tiene tres o cuatro patas que es lo habitual, o está compuesto de muchas más, seis o siete por ejemplo. Sentada en este taburete te encuentras firme, estable. Te sentirás segura y confiada que no caerás. Sabrás que si alguna pata se rompe, lo notarás pero no te caerás pues el resto de patas soportarán tu peso.

Querida paciente le comenté, tu te has encontrado en el primer supuesto. Has sustentado tu vida en un solo área, en una sola pata. La relación sentimental. Has eliminado de tu taburete el resto de patas que eran parte de tu vida y de tu estabilidad emocional. Es por ello, que cuando esa pata se ha roto has caído. Al reducir las áreas de tu vida a una sola y ésta fallar, no has tenido adonde agarrarte emocionalmente. De ahí tu vacío. Es por ello que tendrías que haber conservado y reforzado el resto de patas o áreas de tu vida como los amigos, las aficiones o la familia.

Por ello, es necesario que nuestra vida, nuestro taburete esté compuesto del mayor número de patas o áreas posible, familia, amigos, aficiones, trabajo, salud, etc. Cuanto más tengamos y tiempo le dediquemos, si en alguna ocasión nos falla una de esas patas, como la pérdida del trabajo, el fallecimiento de un familiar o una ruptura sentimental por ejemplo, podremos sustentarnos emocionalmente en el resto de patas. Debemos organizar y enriquecer nuestra vida fomentando actividades y relaciones sociales. Esto nos ayudará a afrontar con mayor garantías estas dificultades que pueden surgir en nuestra vida.

 

“Es necesario que nuestra vida, nuestro taburete esté compuesto por el mayor número de áreas posibles”

Suelta la piedra

La importancia de expresar las emociones (Metáfora de “El Globo”)

Con mucha frecuencia suelen acudir a consulta personas que de repente han experimentado una gran angustia, o una pérdida de control ante situaciones que aparentemente no debían de provocar tal reacción.

Cuando hablamos con estas personas detenidamente, encontramos una premisa que les caracteriza, “soy fuerte, y no puedo mostrarme débil”

Para explicar mejor este fenómeno utilizaré la metáfora de “El globo”. Estos pacientes se asemejan a un globo. Si cogemos un globo y comenzamos a llenarlo de aire, no paramos y seguimos llenando y llenando, por muy grande que fuese el globo, o muy gruesa que fuera su goma, llegará un momento en que estallará. Y normalmente, estallará ante un simple roce o leve pinchazo, generando un gran estruendo.

Nuestras emociones se comportan de forma similar. Si ante las situaciones vitales vamos acumulando las emociones negativas que estos acontecimientos generan como ira, tristeza, etc. Si llenamos nuestro interior y no vaciamos estas emociones, tendremos la sensación de no poder más y llegará un momento en que ante una situación insignificante, estallaremos al igual que el globo. Además, es muy probable que la reacción que tengamos sea desproporcionada a la situación que la origina. Entonces percibiremos que hemos llegado al límite.

Si no queremos llegar a que el globo estalle, debemos vaciarlo de aire de vez en cuando, de tal forma, que siempre tendremos espacio para llenarlo. De igual forma debemos hacer con nuestras emociones. Debemos deshacernos de nuestras emociones, expresándolas y desahogándonos, para dejar hueco a nuevas situaciones que nos generen nuevas emociones.

Al igual que la goma del globo se relaja, nuestro cuerpo también se relajará, experimentando sensaciones de tranquilidad y desahogo después.

Es importante, tener una persona de confianza, (pareja, hermano, amigo, etc.), con quien podamos establecer ese vínculo de confianza y nos sirva para canalizar nuestras emociones.

Debemos vaciarnos de emociones para evitar llegar a estallar.

El monje y los monos

Era un monje aspirante espiritual con mucha motivación, pero tenía una mente muy dispersa. Tuvo noticias de un sobresaliente mentor y no dudó en desplazarse hasta donde vivía y decirle:
- Respetado maestro, perdone que te moleste, pero mi gratitud sería enorme si pudieras proporcionarme un tema de meditación. Tengo decidido retirarme al bosque durante unas semanas para meditar sin descanso.-
- Me complace tu decisión. Ve al bosque y estate contigo mismo. Puedes meditar en todo aquello que quieras, excepto en monos. Trae lo que quieras a tu mente, pero no pienses en monos.-

El monje se sintió muy contento, diciendo: “!Qué fácil es el tema que me ha proporcionado el maestro!; sí, realmente sencillo”. Se retiró a un frondoso bosque y dispuso una cabaña para la meditación. Transcurrieron las semanas y el aspirante puso término al retiro. Regresó junto al mentor, y éste, nada más verlo, preguntó:
- ¿Qué tal te ha ido?-
Apesadumbrado, el aspirante repuso:
- Ha sido agotador. Traté incansablemente de pensar en algo que no fuesen monos, pero los monos iban y venían por mi mente sin poderlo evitar. En realidad, llegó un momento en que sólo pensaba en monos.-
El Maestro le contestó:

- La mente es amiga y enemiga; es una mala dueña, pero una buena aliada. Por eso es necesario aprender a contener el pensamiento y poner la mente bajo el yugo de la voluntad.-

El arquero

 

Un experto arquero, se encontraba en el bosque entrenando, cuando apareció su hijo para pedirle consejo. El joven que se encontraba perdido y no sabía qué rumbo darle a su vida, quería que su padre, afamado maestro del arte del arco le aconsejara.

Cerca de donde estaban, había un gran roble. El padre arrancó una flor del bosque y la colocó en mitad del tronco. Luego sacó un pañuelo y le pidió a su hijo que se lo pusiera en los ojos a modo de venda.

-¿A qué distancia estoy de la rosa?- preguntó el arquero a su hijo.

-A unos treinta metros.- calculó.

-¿Me has visto alguna vez practicando el antiquísimo deporte del tiro con arco?- preguntó el padre a su hijo, sabiendo perfectamente cuál iba a ser la respuesta.

-Te he visto dar en la diana a casi noventa metros, y no recuerdo que hayas fallado ni una sola vez a la distancia de ahora- dijo el joven.

Luego, con los ojos tapados por el pañuelo y los pies bien apoyados en la tierra, el arquero tensó el arco y disparó la flecha apuntando a la flor que colgaba del tronco del roble. La flecha se hincó en el árbol con un golpe sordo, fallando estrepitosamente el tiro.

-Pensaba que ibas a hacer alarde de tus mágicas habilidades, padre ¿Qué te ha pasado?- pregunto el joven expectante.

-Lo que acabas de ver hijo mío,- respondió el arquero, -confirma el principio más importante para cualquiera que busque alcanzar sus metas y cumplir el propósito de su vida. Es imposible dar en un blanco que no puedes ver. La gente se pasa la vida soñando con ser feliz, vivir con más vitalidad, pero no ven la importancia de pensar cuáles son sus metas-.

Es importante marcarse objetivos vitales bien definidos para conseguir lo que deseamos.

(Metáfora extraída del libro de Robin Sharma “El monje que vendió su ferrari”)

El maestro y sus discípulos

“Había una vez un maestro que siempre respondía a todas las preguntas de sus discípulos sin titubear. Dos de ellos, más aventajados e inteligentes, quisieron ponerle a prueba. Para ello, decidieron preguntarle algo inventado, de tal forma que el maestro se equivocara al responder. Uno de los discípulos apareció con una mariposa  que usaría para confundir al maestro.

¿Qué piensas hacer con esa mariposa?  preguntó el otro discípulo.

Voy a esconder la mariposa en mis manos y preguntaré al maestro si está viva o muerta. Si dice que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Así, cualquiera que sea su respuesta, será una respuesta equivocada.

Los dos discípulos, decididos fueron entonces al encuentro del maestro, que estaba meditando en lo alto de la colina. Uno de ellos le dijo:

Tengo aquí una mariposa, dime maestro ¿está viva o muerta?

Tranquilamente el maestro sonrió y respondió:

Depende de ti, la mariposa está en tus manos.”

Aunque la vida en muchas ocasiones nos plantea retos o situaciones que en principio no sepamos resolver. La solución está en nuestras manos. Sólo tenemos que encontrarla.

La Piedra

“El distraído tropezó con ella.

El violento la utilizó como proyectil.

El emprendedor construyó, con ella.

El campesino cansado la utilizó como asiento.

Para los niños fue un juguete.

David mató a Goliat, y

Miguel Angel le sacó la más bella escultura.

En todos los casos,

la diferencia no estuvo en la piedra,

sino en el hombre.

No existe piedra en tu camino que no puedas

aprovechar para tu propio crecimiento”.

La botella

“Un profesor, delante de sus alumnos de la clase de filosofía, sin decir ni una palabra,
cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf. Después,
preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo
en decir que sí. El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del
bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El
profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno, y ellos
volvieron a contestar que sí.
Después, el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote. Por supuesto
que la arena llenó todos los espacios vacíos. El profesor volvió a preguntar de nuevo si
el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime.

El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del bote y,
efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena. Los estudiantes reían.
Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: “Quiero que os fijéis que este bote
representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes como la familia, los
hijos, la salud, los amigos, el amor, cosas que te apasionan. Son cosas que, aunque
perdiéramos el resto y nada más nos quedasen estas, vuestras vidas aún estarían llenas.
Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche…
La arena es el resto de las pequeñas cosas”

Continuó diciendo: “Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para
los perdigones, ni para las pelotas de golf. Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos
todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca lugar para las
cosas realmente importantes. Presta atención a las cosas que son cruciales para tu
felicidad. Ve con tu pareja a cenar, juega con tus hijos, concédete tiempo para ir al
médico, practica deporte, disfruta con tu afición favorita…”
… y terminó con: “Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del
agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan.
Establece tus prioridades, el resto solo es arena”.

Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El
profesor sonrío y le dijo: “¡Me encanta que me hagas esta pregunta!. El café es para
demostrar que aunque tu vida te parezca llena, siempre hay un lugar para dos tazas de
café con un amigo.”

©Alvaro Rodriguez Mora 2017

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