6 pasos para controlar los pensamientos negativos

 

 

Tenemos la idea de que el estado de ánimo es algo que se puede alterar sin nuestra voluntad. Es una idea muy extendida creer que ante una reacción de desánimo, la tristeza o el malestar psicológico no podemos hacer nada. Creemos que es una reacción ante los acontecimientos que nos suceden y que estamos expuestos a las circunstancias. Pensamos que somos vulnerables y cualquier contratiempo nos puede sacar de nuestra estabilidad.

Sin embargo esto no es del todo cierto. Es verdad que los acontecimientos son incitadores y nos hacen reaccionar, sin embargo los dueños de nuestros sentimientos y emociones somos nosotros. Nosotros somos quienes tenemos el control absoluto sobre lo que sentimos en cada momento.

Y ¿cómo es posible tener este control? La explicación es muy sencilla. En muchas ocasiones, nuestros sentimientos están dirigidos por aquellas creencias que tenemos sobre lo que nos rodea. Esto es lo que se denominan creencias erróneas o ilógicas. Son reglas de vida, que no nos cuestionamos pero que nos hacen actuar casi de forma automática. Estas creencias están interiorizadas en nuestra mente y son asumidas sin más. Estas creencias erróneas son las responsables de hacernos reaccionar de forma negativa generándonos el malestar ya sea tristeza, rabia, ansiedad, etc.

Es por ello que si cambiamos aquellas creencias irracionales, cambiaremos nuestro estado de ánimo. Si controlamos lo que pensamos, lo que nos decimos a nosotros mismo, controlaremos lo que sentimos. Si cambiamos nuestro lenguaje interno, cambiaremos nuestras emociones.

Y ¿cómo podemos llegar a conseguirlo? A continuación vemos como hacerlo en 6 sencillos pasos.

  1. Detectar la emoción negativa. Si me siento mal es porque he pensado algo de forma errónea. Es decir, me estoy dejando llevar por un pensamiento negativo sin cuestionarlo.
  2. Detectar la creencia errónea o pensamiento negativo. Es necesario identificar cual es el pensamiento negativo que me ha llevado a la emoción anterior. Una buena técnica consiste en escribir esta creencia para verla más claramente sobre el papel.
  3. Valorar el beneficio que me aporta mantener esta creencia. ¿En que me beneficia?, ¿Para qué me sirve? Que saco de positivo seguir pensando así.
  4. Elaborar un pensamiento más realista y positivo alternativo. Buscar un pensamiento que me ayude a afrontar la situación a la que me estoy enfrentando, es decir un pensamiento adaptativo que me genere una emoción o reacción más positiva.
  5. Sustituir la nueva creencia o pensamiento adaptativo por la creencia errónea. Al elaborar una creencia más realista y ajustada a la realidad, seremos capaces de afrontar de forma positiva aquella situación a la que nos exponemos.
  6. Repetir la creencia hasta interiorizarla. La repetición constante de la nueva creencia hará que la interioricemos de forma que nuestro comportamiento y sentimientos se rijan ahora por esta creencia más positiva.

 

“Si cambiamos nuestro lenguaje interno, cambiaremos nuestras emociones”

¿Cómo puedo dirigir mi destino? Utiliza la Profecía Autocumplida

 

¿Soy capaz de dirigir mi destino?, ¿Cuando tengo una creencia firme sobre algo, acaba cumpliéndose?, ¿Si creo que algo va a pasar, terminará ocurriendo?

Todas estas preguntas, aunque nos resulten llamativas e incluso con tintes mágicos, podemos contestarlas con un si. Sí somos capaces de hacer que nuestro destino esté dirigido por nuestros deseos. Sí puede llegar a cumplirse aquello en lo que creemos firmemente. Y por supuesto, en muchas ocasiones ocurre aquello que pensamos que va a ocurrir.

Y ¿es todo esto magia?. La respuesta rotunda es no. No es magia, es lo que se denomina en psicología la Profecía Autocumplida Efecto Pigmalión (basado en mito griego del escultor Pigmalión).

La profecía autocumplida es un término que se acuñó para definir que cuando tenemos una creencia firme sobre algo o alguien, tiende a cumplirse por el simple hecho de ser coherente con las creencias que tenemos. El término se basa en las expectativas que generamos ante las personas o los acontecimientos futuros. Dependiendo si las expectativas son de éxito o de fracaso, llegaremos a conseguir nuestros objetivos o no. Se basa en la creencia de quien lo predice, la forma en que  este actúa según lo que cree acerca de eso, elaborando progresivamente esta información hasta considerarla real y ocurriendo como se pronosticó. Creemos que algo va a suceder de una determinada manera y actuamos como si eso fuera cierto, lo que ofrece muchas más probabilidades de que se produzca.

Para ejemplificar de forma sencilla el concepto, utilizaremos la metáfora de dos niños que están aprendiendo a montar en bicicleta. El primero de ellos, antes de montarse comienza a pensar que existen muchas probabilidades de caerse, ya que al estar aprendiendo, aun no es habilidoso. Al montarse y comenzar a pedalear, comienza a generar pensamientos de que va a caerse. Estos pensamiento se repiten continuamente, lo cual hace que el niño termine cayéndose de la bicicleta. Una vez en el suelo, la afirmación que se da es “sabía que iba a caerme”.

El segundo niño, antes de montarse en la bicicleta, genera pensamientos de que lo hará bien y mejorará su aprendizaje. Una vez montado, los mensaje que se envía son de que va consiguiéndolo y que va bien. Al terminar el trayecto, consigue no caerse.

La diferencia entre los dos niños son las expectativas de éxito o fracaso respecto a la actividad que cada uno se ha creado. El primero de ellos, tiene la convicción de que es más probable que se caiga (expectativas negativas o de fracaso), lo cual le genera una inseguridad y falta de autoconfianza que le lleva a caerse. Una vez en el suelo, refuerza su creencia de incapacidad. Esto es la profecía autocumplida, cierra el ciclo de su creencia negativa. La consecuencia es dejar de intentar aprender a montar en bicicleta reafirmando su incapacidad.

Sin embargo el segundo niño, desde el primer momento se genera expectativas de éxito, llevándole a conseguir su objetivo. Por supuesto, le reforzará su autoestima así como la visión positiva y eficaz de sí mismo.

A lo largo de nuestra vida, en muchas ocasiones nos generamos expectativas de fracaso ante situaciones o personas a las que nos enfrentamos. La profecía autocumplida nos conduce al fracaso, teniendo la sensación de que no controlamos lo que nos sucede. Esta teoría nos enseña que cambiando la creencia acerca de las personas, acontecimientos y nosotros mismo, podemos cambiar el curso de nuestra vida y conseguir aquello que nos propondramos.

“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón” (Henry Ford).

 

 

¿Qué tipo de educación das a tu hijo?

 

La educación de los hijos, supone una tarea compleja y a la vez apasionante. Entraña grandes dificultades ya que no existe un “manual de instrucciones” que nos explique que hacer en cada momento. Una duda frecuente entre los padres es cuál es la forma más correcta de educar a nuestros hijos. Si estaremos haciendo lo correcto, si es excesivo el castigo que estamos imponiendo, si somos demasiados permisivos o muy estrictos. Otra duda que suele aparecer, es donde poner los límites de la conducta del niño. Es aún demasiado pequeño para enterder o es necesario que vaya conociendo ya las normas.

La educación de los hijos supone un trabajo difícil y costoso, donde se invierten muchas energías para conseguir que un niño se vuelva una persona madura, racional e independiente. Este objetivo que se torna satisfacción y que todo padre y madre se propone, se basa en cuatro tipos de estilos educativos. Estos estilos se fundamentan en dos dimensiones básicas:

La calidez emocional  frente a la frialdad y el control frente a la falta de control. A partir de estas dos dimensiones se establecen los cuatro tipos de estilos de educación que unos padres pueden llevar a cabo con sus hijos,

¿En cual de ellos te catalogarías?

En  primer lugar tendríamos el estilo Autoritario. Este se basa en las dimensiones frialdad emocional y control. Este estilo está representado por padres que imponen frecuentes castigos con altas exigencias en el control del comportamiento del niño, inflexibilidad y obediencia absoluta. No suelen expresar ni sentimientos ni pensamientos e impiden que los demás lo hagan. No suele existir el diálogo y son padres con altos niveles de ansiedad cuando la conducta del niño se sale de las normas establecidas. Suelen realizar constantes comparaciones lo cual es un caldo de cultivo para un futuro adulto inseguro. El resultado suelen ser niños temerosos, con baja autoestima y con dificultades para expresar sentimientos. Estos niños aparentemente parecen dóciles, sin embargo suelen generar grandes problemas de ansiedad. De adultos, se convierten en personas con grandes inseguridades, alta infravaloración personal  presentando frecuentemente explosiones de ira.

En segundo lugar nos encontramos con el polo opuesto. El estilo Permisivo, donde predomina las dimensiones calidez emocional y falta de control. Estos son padre que están muy involucrados con sus hijos sin embargo, suelen carecer de normas y límites. Es un estilo, donde se evita la frustración del niño, dejándole que actúe en todo momento según su voluntad. Durante muchos años, se consideró la educación idónea, en contraposición a una educación autoritaria anterior. El pensamiento generalizado de los padres era que sus hijos no vivieran la represión educacional que ellos vivieron. Este estilo, al no conllevar la imposición de límites, genera niños caprichosos y adultos frustrados. Si un a un niño no se le ponen límites, considera que el universo gira a su alrededor. Esto hará que cuando de adulto algún acontecimiento no le sea favorable, éste le generará un nivel muy alto de frustración, al no haber aprendido de pequeño a tolerar que las cosas no siempre son como deseamos. Además, generará inseguridades, baja autoestima y falta de autocontrol.

En tercer lugar tendríamos el estilo Responsable. Este se basa en las dimensiones calidez emocional y control. Estos padre tienen claro que a los niños desde pequeños hay que empezar a enseñarle normas y límites. Suelen ejercer cierto control sobre la conducta pero siempre fomentando la independencia del hijo. Aunque imponen castigos, también aplican el refuerzo premiando las conductas adecuadas de los hijos. Estos premios o refuerzos, generalmente suelen ser verbales y no materiales, los cuales fortalecen de forma más positiva la autoestima. Son padre dialogantes y cariñosos. El resultado de este estilo de educación suele ser niños independientes, alegres y con un alto autocontrol, lo que generará adultos seguros de sí mismos, felices y con alta autoesatima.

Por último, tendríamos el estilo Indiferente, basado en las dimensiones frialdad emocional y falta de control. Este tipo de padres no suelen implicarse en la educación de sus hijos. Es la antítesis a la educación como la conocemos. Son padres que no tienen interés por la vida de sus hijos, por sus gustos, inquietudes o estados de ánimo. No muestran apoyo ni afecto. El resultado suele ser hijos con grandes carencias afectivas, con alta inmadurez y baja autoestima. Esto llevará a ser adultos inseguros, que se infravaloran y con alto riesgo de padecer trastornos psicológicos o caer en adicciones.

Estamos de acuerdo que la educación de los hijos no es fácil. Es también un aprendizaje continuo de los padres donde se comenteran errores. Errores que tienen que servirnos para seguir educando de la forma más sana y positiva posible. Estos cuatro estilos pueden ayudarnos a identificar nuesta educación y corregir aquellos aspectos que tengamos que mejorar.

 

 ”Si ponemos normas y límites a nuestros hijos, crearemos adultos sanos y seguros” 

La importancia de la ventilación emocional

Siempre hemos oído lo importante que es hablar sobre aquello que nos preocupa. De “echarlo fuera”. Es habitual quedar con un amigo o alguien de confianza para contarle algo que nos ronda la cabeza y nos preocupa. El simple hecho de contar aquello que nos inquieta nos hace sentirnos mejor, aliviados e incluso en ocasiones , ver el problema desde otra perspectiva.

A este ejercicio que aparentemente no tiene importancia se le denomina Ventilación Emocional.

La ventilación emocional es una técnica terapéutica desarrollada a partir de los años 80 y 90 que consiste en identificar emociones específicas reprimidas, hacerlas consciente y expresarlas. En la consulta psicológica, la terapia suele iniciarse con una ventilación emocional por parte del paciente que no es simplemente el hecho de contar que le sucede. Es una forma de liberación de las emociones, normalmente negativas (tristeza, preocupación, ira, etc.), que además sirve para reorganizar las ideas.

Una emoción reprimida y no canalizada de forma adecuada, puede generar serios problemas psicológicos e incluso físicos. Por ello, no es extraño que muchos pacientes acudan a la consulta por problemas que aparentemente no tienen lógica. Sin embargo, aunque no sean capaces de relacionar este malestar con esa represión de emociones, el simple hecho de liberarlas, reelaborarlas y aceptarlas genera un bienestar al paciente que suele ser asombroso.

Existen dos modalidades de ventilación emocional, la verbal y la escrita. Esta última cuando cogemos papel y lápiz y escribimos aquello que sentimos. La ventilación emocional es una herramienta muy útil y necesaria en la intervención psicológica. Ofrece beneficios al paciente y ayuda a reelaborar esas emociones guardadas y reprimidas que generan malestar.

La ventilación emocional, no es una estrategia exclusiva de la terapia. Todos podemos en casa ponerla en práctica y liberar nuestras emociones con el simple hecho de escribirlas o contarlas.

 ”Expresar nuestras emociones nos ayuda a sentirnos mejor”

El no me escucha…, ella no me entiende. Conflictos de pareja

 

Cuantas veces hemos oído la frase “él no me escucha” o “ella no me entiende“. De todos es sabido que las relaciones de pareja son complejas, ya que son dos personas las que unen sus vidas en un proyecto común. Y en esta unión están obligados a entenderse. Sin embargo, aunque resulte sencillo, el entendimientos se hace complicado, llevando en muchas ocasiones a la ruptura. Oiremos entonces aquello de “falta de comunicación” o la manida frase de “caracteres opuestos”.

En vías de resolver las diferencias, en muchas parejas se produce el “hablar por hablar”, donde tras conversaciones interminables, no se ponen de acuerdo y se termina por  enquistar el conflicto. Y es normal que digan “… pero si nosotros hablamos ¿qué falla?

No siempre hablar es sinónimo de solución. Para que la comunicación se fluida y fructífera, es necesario que se tengan en cuenta tres aspectos fundamentales. En primer lugar lo que quiero decir. En segundo lugar, por qué quiero decirlo y en tercer lugar y no menos importante, cómo voy a decirlo.

Teniendo en cuenta estas tres premisas, el decálogo para generar una comunicación productiva es:

  1. Hablar cuando estemos calmados. Ante un conflicto se generan emociones intensas. Esto nos puede llevar a decir lo que no queremos y sentirnos después culpables. Es necesario esperar a calmarnos y hablar una vez estemos tranquilos y seamos “razonables”.
  2. No dejar pasar los conflictos. Muchas veces se espera a que todo vuelva a la normalidad y no se trata el problema. Si se deja pasar el conflicto, este no se resolverá y muy probablemente aparecerá en el futuro.
  3. Hablar del presente y no del pasado. Tener una visión constructiva ya que por mucho que hablemos del pasado, este no cambiará. Traer fantasmas del pasado, genera nuevos conflictos que ya estaban resueltos.
  4. Ser específico en aquello que no nos gusta del otro. Utilizar expresiones como “no eres cariñoso”, es muy general. Hay que especificar comportamientos concretos.
  5. Ser breve e ir a lo concreto. No emitir discursos. El diálogo se compone de la alternancia en el turno de palabra. Y por tanto no interrumpir. Dejar que el otro se exprese libremente y una vez terminado, manifestar nuestro desacuerdo si así fuese.
  6. Evitar expresiones como “nunca”, “siempre”, “nada”. Cambiar por “algunas veces”y no emitir juicios de valor. Sobre todo “deberías”. Eso hace que nuestra pareja se sienta amenazada y tome una postura defensiva.
  7. Buscar y llegar a acuerdos. Utilizar la premisa “yo gano, tú ganas”, en vez de “yo gano, tú pierdes”. Para ello ambos tienen que ceder.
  8. Ser positivos. Utilizar un lenguaje positivo, alabando y reconociendo los aspectos positivos del otro.
  9. Olvidar el orgullo. Este es la mayor barrera de comunicación en la pareja.
  10. Hablar cada día 15 minutos de como ha ido el día, fomenta la comunicación y el entendimientos en la pareja.

 

“Deja hablar, escucha y ponte en el lugar del otro”

Y se casaron y fueron felices… (por Nuria Martín-Arroyo)

Y SE CASARON Y FUERON FELICES..!

Este era el ocurrente final de los cuentos de nuestra infancia. Si los Hermanos Grimm, Christian Andersen,… hubiesen vivido en los tiempos actuales, el final de sus cuentos ya no sería el mismo, seguramente más adaptado a la realidad.

Vivimos en una sociedad de cambios, dónde ya no existe un único modelo asociado a la felicidad. El matrimonio, sin estar en desuso, pues sigue siendo el modelo mayoritario, no es la mayoría de las veces “para toda la vida”. La ruptura de la pareja se ha convertido en algo habitual, pero por desgracia, sigue siendo un importante motivo de conflicto. Los hijos, víctimas de aquellas rupturas mal llevadas, se convierten en armas de poder para sus padres. Nos olvidamos de sus intereses, que son los nuestros, de su bienestar, de que son los principales protagonistas de la historia,..

¿Puede ser que esto ocurra por un concepto erróneo de que en los divorcios siempre hay una parte que gana y otra que pierde?. ¿Tenemos miedo al sistema judicial por que no encontramos nuestro espacio para decidir en beneficio de nuestros hijos? ¿Por qué no pensamos en términos de parentalidad compartida? ¿Por qué no nos informan de que hay otras formas de afrontar un divorcio?,…

Estas y otras preguntas seguramente están en la cabeza de much@s que van a pasar por esta difícil situación.

“No dejes que decidan por tí ni por tus hijos”

Claves para superar el estrés postvacacional

 

Con la entrada del otoño a la vuelta de la esquina y la incorporación a la rutina diaria, ¿aún sigues manteniendo el estrés postvacacional propio de la vuelta al trabajo? ¿Todavía sigues sintiéndote cansado, irritable y con problemas para dormir? Es muy probable que sigas manteniendo este estrés y no lo hayas terminado de superar.

¿Qué puedes hacer?

  1. Plantearte que la vuelta al trabajo y a la rutina en general nos proporciona seguridad y estabilidad. El periodo vacacional, está lleno de novedades y actividades muy diferentes. El organismo tiene que acostumbrarse a cambio de planes continuos. Esto también causa estrés aunque sean actividades lúdicas y agradables. Sin embargo, es necesario pausar este ritmo. Necesitamos estabilidad en nustras vidas. Necesitamos tener programado nuestro tiempo y futuro inmediato. Saber con cierta previsión que tenemos que hacer y que nos espera, nos proporciona estabilidad y seguridad, necesarias y fundamentales para nuestra salud mental.
  2. Aceptar la realidad. Es importante saber que todo lo bueno se acaba. Que la vida consiste en etapas y periodos de tiempo que debemos afrontar. Tenemos que darnos cuenta que ahora toca trabajar para más adelante descansar. Es normal que volver a la rutina sea costoso, pero es una situación que tenemos que afrontar y ver lo positivo que nos aporta. Por ejemplo, nos ofrece la posibilidad de poder irnos de vacaciones.
  3. Mantener el recuerdo de las vacaciones con el propósito de saber que las hemos disfrutado. Por norma, las vacaciones son siempre bien recordadas. Este recuerdo nos genera un bienestar ya que provoca y revive las emociones positivas entonces vividas. Este ejercicio y no ver la época de descanso con nostalgia, nos ayudará a generar una actitud más positivas y de bienestar.
  4. Buscar tiempo libre. Es importante compaginar los periodos de obligaciones con actividades lúdicas. Aunque hayamos vuelto al trabajo, a la rutina, podemos seguir haciendo actividades que nos gusten. Incluso podemos comenzar a planificar la próxima escapada.
  5. Mantener una actitud positiva y evitar tener pensamientos negativos sobre  la situación que ahora toca vivir. Nuestra actitud es clave para superar esta situación. Todas las claves y consejos solo son efectivos si nos planteamos una actitud positiva ante la vuelta al trabajo. Para ello debemos dejar de prolongar esa actitud negativa y autocompasiva que nos mantiene el malestar. Romper con esos pensamientos negativos sobre la vuelta al trabajo es fundamental para adaptarnos eficazmente.

“La rutina es tan necesaria como el ocio para nuestro bienestar”

 

¿Eres dependiente emocional?

 

Muchas veces oímos expresiones como “No puedo vivir sin él”, “Necesito estar siempre a su lado”, “Cuando no lo tengo cerca me falta el aire”. Estas expresiones aunque cotidianas y sin aparente importancia, conllevan un trasfondo importante y peligroso. Lo primero que pensamos al escucharla es que esa persona quiere mucho a la otra. Sin embargo, este tipo de frases son propias de una persona que sufre Dependencia Emocional.

La dependencia emocional es un estado psicológico donde existe una  necesidad extrema de carácter afectivo de una persona hacia su pareja. Esto implica un patrón de comportamiento de la persona dependiente de sumisión, infravaloración, idealización de la pareja, sentimientos de abandono constantes y pensamientos obsesivos hacia esta. Esto último genera constantes llamadas de atención y comportamiento cada vez más humillantes para evitar perder a la pareja. La dependencia emocional, suele ser más habitual en las relaciones de pareja, sin embargo, puede darse en otros ámbitos de la vida, como en las relaciones con los familiares, con los amigo o en el terreno laboral.

Pero, ¿cómo podemos saber si alguien sufre dependencia emocional? La dependencia emocional se caracteriza por cinco dimensiones básicas:

1.  Ansiedad de separación. La persona dependiente presenta constantes miedos ante la posibilidad de que su pareja le abandone. Aparecen pensamientos como: “No quiero pensar que será de mi si me deja”. Este tipo de pensamientos provocan que estas personas accedan a cualquier tipo de condición que les impongan con tal de mantener la pareja.

2. Necesidad constante de expresiones de cariño. La persona dependiente, necesita que constantemente le estén mostrando expresiones y manifestaciones de cariño para reforzar su relación y paliar su inseguridad. Este refuerzo provoca que continuamente esté reclamando este cariño, llegando a presentar llamadas de atención cuando no lo recibe.

3.  Sumisión. Para la persona dependiente no existe nada más que su pareja. Es por ello, que suele aparcar su vida, amistades, familia y centrarse exclusivamente en la pareja. El dependiente emocional, necesita de su pareja para sentirse bien, equilibrado y feliz. Le hace responsable su bienestar, por lo que su felicidad deja de ser controlada por ella misma. Esta sumisión va mermando poco a poco la autoestima del dependiente haciéndole perder completamente su identidad.

4. Miedo a la soledad. Antes hemos comentado como la persona dependiente necesita a su pareja para sentirse equilibrada. Junto a su baja autoestima y un concepto negativo de sí misma, provoca que constantemente estas personas se encuentren emparejados, ya que tienen pánico a estar solos. Este miedo viene provocado al depositar su felicidad y bienestar en la otra persona y no en ellas. Por tanto consideran que si no tiene pareja, no serán felices. Pensamientos habituales son “No soporto estar solo”.

5. Búsqueda continua de atención y chantaje emocional. La persona dependiente está constantemente buscando la atención de la pareja para afianzar y fortalecer la relación. Procura ser el centro de atención y de la vida de la pareja. Considera que cuanto más llame la atención de esta, mejor será la relación entre ambos. Esta búsqueda constante provoca que en situaciones en que la pareja no preste la atención que el dependiente considere, este realizará comportamiento llamados histriónicos con el fin de recuperarla. Estos comportamiento pueden llegar desde el chantaje emocional, culpabilizando a su pareja de su infelicidad al no atenderla, hasta a situaciones límites como autoagredirse o amenazar con quitarse la vida.

“Que pienses en tu pareja no es malo, que sea lo único en lo que pienses sí”

Enemigos de la Felicidad

Vigorexia y Tanorexia:trastornos del verano

Con la llegada del verano y el buen tiempo, el estado de ánimo suele experimentar una mejora importante. Las horas de luz, las vacaciones, las actividades lúdicas y al aire libre hacen que nos relajemos más, y nos distraigamos, olvidando por un tiempo nuestros problemas.

Sin embargo, y aunque el verano sea una estación propicia para mejorar anímicamente, a veces lleva asociado unos trastornos que aunque pueden aparecer el resto del año, es en esta época cuando se agudizan. Estamos hablando de la vigorexia y la tanorexia. 

Pero concretamente, ¿qué son estos dos trastornos?

La vigorexia o “síndrome del culturista” es un trastorno consistente en la obsesión por tener  un cuerpo musculado. Con la llegada del verano,  motivado por acudir a playas y piscinas y la necesidad de exponer sus cuerpos, estos paciente presentan una ideación obsesiva por tener un cuerpo escultural y excesivamente musculado. Normalmente, este tipo de trastorno suele darse más en hombres y llegan a desarrollar un comportamiento similar al obsesivo-compulsivo, controlando la dieta, el ejercicio físico y la ingesta de fármacos y hormonas para mantener el aspecto físico.

Estas personas, suelen desarrollar episodios intensos de ansiedad, cuando no pueden acudir al gimnasio, o realizar el ejercicio establecido para ese día. Tienden a organizar su vida y actividades cotidianas en torno al ejercicio físico que en ocasiones resulta perjudicial para la salud. Muestran un trastorno en la percepción de su propio cuerpo, similiar a la anorexia nerviosas, no sintiéndose a gusto con su cuerpo y creyendo que pueden estar aún más musculados. Aunque esta patología es permanente durante todo el año, en verano suele agudizarse.

Muy relacinado con la vigorexia nos encontramos la tanorexia.

La tanorexia es otro trastorno donde existen ideas obsesivas por tener un bronceado extremo. Es un tipo de dismorfobia, donde existe una falta de aceptación  de la imagen corporal o facial,  que afecta sobre todo a mujeres. Estas, a pesar de estar morenas, siempre se ven pálidas y muestran una necesidad obsesiva por lograr un tono de piel más oscuro. Este término fue descrito por dermatólogos estadounidenses, los cuales tras tratar a pacientes  con lesiones cutáneas causadas por una elevada exposición a rayos ultravioletas, y a pesar del daño,  continuaban con las exposiciones.

Como sucede en la vigorexia, estas personas suelen padecer una intensa ansiedad al no poder tomar el sol, o no tener su sesión de rayos UVA.

 Al igual que los anoréxicos se ven sumamente delgados, los tanorexicos se ven pálidos o los vigoréxicos se ven poco musculosos.

©Alvaro Rodriguez Mora 2017

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies