Atentados terroristas y estrés postraumático

Atentados Bruselas

 

Tras los recientes atentados terroristas cometidos en Bruselas y los sucedidos en París, la sociedad sufre una gran conmoción. Atentos a las noticias, generalmente tendemos a fijarnos y sentir el número de víctimas mortales. Obviamente, estas víctimas nos provocan un gran abatimiento y tristeza ante tal injusto y horrible suceso. Como contrapunto, el hecho de saber que existen heridos, a pesar de la gravedad de sus heridas o de su estado, suele esperanzarnos sabiendo que han salvado sus vidas. Tendemos a creer que estas personas aunque víctimas también, curaran sus heridas y seguirán sus vidas a pesar del terrible suceso. Sin embargo aún teniendo la enorme suerte de no haber perdido su vida en el atentado, generaran una serie de problemas psicológicos de enorme importancia.

Las víctimas que sobre viven a estos atentados experimental el llamado Trastorno por Estrés Postraumático.  Pero, ¿qué significa padecer este trastorno?

El trastorno por estrés postraumático es lo que conocemos coloquialmente como el trauma que a esas víctimas le genera la experiencia vivida. Desde un punto de vista clínico, este trastorno se define como todos aquellos síntomas psicológicos que experimenta una víctima que ha sido expuesta a un acontecimiento traumático intenso.

Estas personas han presenciado un acontecimientos donde han muerto otras personas, o han resultado gravemente heridas, como es el caso del atentado de Bruselas. Esta personas, además han visto peligrar su vida o integridad física y por ello ha generado un  intenso temor llegando al horror. Esto en un primer momento le provoca un shock caracterizado en lo que se denomina embotamiento afectivo. La víctima no puede mostrar ninguna emoción. Da la sensación como si en ese momento no reaccionara. Como si estuviese tranquilo, pero nada más lejos de la realidad. La intensidad del suceso desborda a la mente de tal forma que ésta es incapaz de mostrar lo que siente.

Tras este primer estado de shock, al cabo de los días o semanas, la persona comienza a reaccionar, a darse cuenta de lo que ha ocurrido y el gran impacto emocional origina el llamado estrés postraumático. Este se caracteriza porque la víctima va a reexperimentar el trauma de forma recurrente. La sintomatología que comienza a aparecer es la siguiente:

  • La víctima comienza a tener imágenes o pensamientos constantes sobre el atentado que es incapaz de controlar y que le invaden.
  • También es habitual que el trauma se experimente con pesadillas relacionadas con el trauma.
  • Aparecerán los llamados flashback donde la víctima revive el acontecimiento, teniendo la sensación de que está ocurriendo de nuevo. Experimentará alucinaciones y reacciones corporales similares a las que experimentó el día del atentado.
  • Generalmente, esta reexperimentación se acompaña de ansiedad intensa que vuelve a paralizar a la persona.

Toda esta síntomatología genera el mismo miedo que generó en el momento del acontecimiento traumático. A partir de aquí, el día a día de la persona se altera de forma considerable, llegando a provocar un malestar intenso.

Por último, es muy probable que la víctima evite todas aquellas situaciones, lugares o acontecimientos que se parezcan a los ocurridos en el momento del atentado. Por ejemplo, los sobrevivientes del atentado de Bégica, evitarán acudir al aeropuerto o metro, incluso aunque no sea el de Bruselas.

Estos síntomas suelen mantenerse durante meses y es necesario la ayuda psicológica para poder afrontarlos. El paciente jamás olvidará el atentado, sin embargo la psicoterapia le ayudará a afrontar y superarlo de forma que deje de interferir su vida.

 

“Aquellos síntomas psicológicos que experimenta una víctima que ha sido expuesta a un acontecimiento traumático intenso”

Atención psicológica en emergencias y catástrofes

En muchas ocasiones, cuando sucede una catástrofe, escuchamos cómo hasta la zona del suceso, se dirigen todo tipo de profesionales asistenciales y sanitarios. Entre ellos, siempre se encuentra un equipo de psicólogos para atender a las víctimas. Pero, ¿qué hacen concrétamente los psicólogos en estos momentos? ¿Cuál es su labor?

En primer lugar, hemos de decir que estos profesionales están especializados en este tipo de situaciones. Más concretamente en intervención en crisis y emergencias ante catástrofes.

En segundo lugar, la atención de estos psicólogos se dirige tanto a las víctimas de la catástrofe como a los familiares de esas víctimas.

Aunque estas actuaciones no son recientes, tomaron mayor protagonismo y relevancia tras el atentado de las torres gemelas en Nueva York y en España tras el 11M en Atocha.

Pero, ¿Qué hacen estos psicólogos?

Ante situaciones de catástrofes, las intervenciones de los equipos de psicólogos van encaminadas fundamentalmente a aliviar el sufrimiento y acelerar el proceso natural de recuperación tras el impacto doloroso del evento traumático. Obviamente no pueden eliminar el dolor que la víctima sufre ante lo sucedido, o el familiar siente por un ser querido que ha fallecido. El objetivo principal consiste en acompañarlo y ayudarle a atravesar esos momentos amargos. Hacerle comprender lo que le está ocurriendo y sobre todo, escucharlo.

Ante una catástrofe tanto víctimas como familiares, necesitan una figura de referencia que les atienda. Aquí es donde entra en juego el papel del psicólogo de emergencia. Normalmente no van a poder  evitar las escenas de dolor, ni las manifestaciones de rabia o indignación, pero si ayudan a canalizarlas y amortiguarlas.

Este trabajo de canalización se realiza mediante lo que se denomina Ventilación Emocional. Ésta consistente en servir de ayuda para el desahogo y canalización de la explosión de emociones que en ese momento tiene la persona víctima de esta catástrofe. Se favorece la liberación de la tensión emocional, permitiendo que el sujeto hable y exprese sus emociones mediante crisis de llanto, o descargas de agresividad verbal. Es necesaria una escucha empática, sin emitir juicios de valor sobre lo sucedido, ayudando a ventilar y desahogar las emociones contenidas. Ello puede contribuir a disminuir el riesgo de aparición de secuelas postraumáticas.

Además de la ventilación emocional, estos psicólogos explican a la víctima o familiar que las reacciones y emociones que están sintiendo son reacciones normales ante esta situación. Ayudan a tranquilizar haciéndoles ver que ese estado de angustia será pasajero. Además, se les explica que irán pasando por diversas fases emocionales que son necesarias para el afrontamiento del trauma.

En última estancia, servirán de conexión con los diferentes servicios de emergencia puestos en marcha en la catástrofe, como pueden ser sanitarios, policiales, servicios funerarios, legales, etc.

Los equipos de psicólogos de emergencia, suelen utilizar la empatía, la escucha activa y mantienen la intimidad de la persona.

Posteriormente al trauma, este equipo de psicólogos suele mantener un seguimiento de las víctimas y familiares, detectando la posible aparición del trastorno por estrés postraumático, frecuente en este tipo de situaciones.

Astenia primaveral

Hace ya unos días que entró la primavera, y aunque las lluvias no nos han dejado disfrutar del tiempo que se le supone a esta estación, parece que la astenia primaveral si ha hecho acto de presencia. Es muy habitual escuchar por estas fechas lo de “la primavera la sangre altera“, y ciertamente su llegada, ocasiona ciertos desequilibrios.

Pero, ¿qué es la astenia primavera?, ¿cómo podemos saber si la padecemos?

La astenia primaveral son una serie de síntomas que afectan principalmente a la esfera emocional y física, y que en mucha ocasiones tiende a confundirse con un estado depresivo. Los síntomas, como hemos dicho, pueden ser tanto físicos como psíquicos.  Los más habituales son cansancio, debilidad generalizada, irritabilidad, problemas de sueño, somnolencia y dolores de cabeza. Una de las frases más comúnmente utilizadas por las personas que sufren de astenia primaveral es “no puedo levantarme por la mañana“.

Y ¿por qué aparece? Generalmente el cambio de estación, es decir el paso del invierno a la primavera conlleva una serie de cambios atmosféricos que repercuten en nuestro organismo. Estos son principalmente el incremento de horas de luz en el día, lo cual genera también un incremento de la intensidad lumínica. También se produce el aumento de la temperatura y cambios en las presiones atmosféricas. Todo esto provoca que nuestros ritmos circadianos o relojes biológicos (biorritmos), se vean sometidos a adaptarse a estos cambios. Las personas que padecen esta astenia primaveral son aquellas que no consiguen adaptarse a estas nuevas circunstancias meteorológicos, lo cual les provocará estas alteraciones emocionales.

La astenia primaveral no es una enfermedad. Se considera que es un conjunto de síntomas que no debemos confundirlo con un estado depresivo. Hemos de saber que tan solo se trata de unos síntomas que aparecen durante el cambio de estación  y que una vez que nuestro cuerpo se ha aclimatado a ellos, suelen remitir sin consecuencia alguna.

Aún así, existe varias indicaciones que podemos seguir si durante estos días de entrada de la primavera hemos notado estos síntomas.

Lo primero es regular nuestras horas de sueño, procurando establecer un hábito saludable que nos propicie el descanso y el sueño reparador. También es importante fomentar una dieta sana huyendo de las sustancias excitantes,  hacer deporte o ejercicio físico fomentará la actividad y nos generará endorfinas, que son las hormonas responsables de modular nuestro estado de ánimo. Y sobre todo, saber que es simplemente una reacción de transición de nuestro organismo para aclimatarse a la nueva estación.

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Síndrome de Asperger

El síndrome de Asperger fue descrito en 1944 por el pediatra vienés Hans Asperger, sin embargo no fue hasta 1981 cuando tomó importancia. Normalmente el síndrome de Asperger suele diagnosticarse en la infancia tardía o pronta adolescencia, aunque pueden observarse síntomas sobre los 2, 3 años. Se considera un síndrome dentro del espectro autista, pero que no puede confundirse con el autismo.

Pero concrétamente ¿qué es este síndrome?

El síndrome de Asperger se conoce por ser una parte del espectro autista. Básicamente se fundamente por presentar tres características propias en el desarrollo del niño en el área social, lo cual les impide integrarse y adaptarse a su entorno.

En primer lugar aparecen problemas en las relaciones e interacciones sociales. Es decir, el niño se encuentra con dificultad para entablar relación con otras personas. Es por ello que suelen ser muy solitarios y carecen de amistades.

En segundo lugar, existe una disminución en la comunicación verbal y no verbal. El niño es inexpresivo a la hora de establecer las interacciones con los demás. Además de presentar dificultades al hablar, no muestra gestos en la comunicación. Tampoco comprende las emociones de los demás ni reconoce las expresiones faciales. Es por ello que prácticamente carecen de empatía.

Y en tercer lugar, existe una alteración en la esfera imaginativa lo cual tiene repercusión en el juego, y en el entendimiento con los demás.

A diferencia de las personas con autismo, el síndrome de Asperger tiene menos dificultades en el desarrollo del lenguaje y es menos probable que tengan problemas adicionales en el aprendizaje. Lo que suele distinguir a estos niños de otros desórdenes del espectro autista, es que tienen campos de interés reducidos y absorbentes.  Es decir, son muy buenos en una materia, y es en esa la que dedican la mayor parte de su tiempo. Suelen ser muy habilidosos en capacidades relacionadas con la memoria, como por ejemplo figuras, fechas, etc. Muchos de ellos suelen destacar notablemente en áreas como matemáticas o conocimiento del medio. Estas características suelen confundirse con una creencia muy extendida entre la población como que los niños autistas suelen ser muy inteligentes. Además suelen presentar comportamientos repetitivos y esteoritipados.

Estos niños, tienen un manejo del lenguaje muy singular, tomando la mayoría de las veces la información en un sentido literal. Es por ello, que les resulte muy complicado entender las ironías, el doble sentido o los chistes o bromas.

Les gusta mucho tener un ambiente ordenado y rutinario. Suelen ser competitivos y quieren ganar siempre y que les alaben. Las críticas no son bien recibidas y son origen de rabietas y problemas de conducta, así como la dificultad para comunicarse y hacerse entender.

Son muy sensibles a los ruidos fuertes y al tacto, pareciendo en muchas ocasiones ariscos. Son torpes a la hora de realizar un deporte y presentan muchas dificultades motoras.

Personajes famosos de los cuales se dice que padecieron o padecen este trastorno están Albert Einstein o Bill Gates. Y ejemplo de personajes  de ficción serían el Dr. House o Sheldon Cooper de la serie The Big Bang Theory. En la literatura actual tenemos el libro  “El curioso incidente del perro a medianoche” de Mark Haddon, donde se describe muy gráficamente este síndrome.

 

 

Cómo mejorar nuestra concentración en los estudios

Uno de los problemas que siempre ha perseguido a los estudiantes ha sido las dificultades que en algún momento, se encuentran a la hora de estudiar, principalmente en épocas de exámenes. Las mayores dificultades que presentan estos estudiantes suelen ser la desmotivación hacia el estudio, los problemas de concentración y la falta de hábito.

Este tipo de dificultades reducen considerablemente la capacidad de aprendizaje y suele generar estrés a la hora de enfrentarse a los exámenes.

Pero ¿Cómo podemos hacer frente a estas dificultades y obtener un buen rendimiento cuando estudiamos?

Aquí vamos a dar las claves de estos problemas y ofrecer una serie de pautas y estrategias de estudio, que ayudarán a los estudiantes a aumentar su rendimiento y capacidad de aprendizaje, y por tanto su éxito.

  1. En primer lugar es necesario tener una actitud positiva hacia el estudio. Considerarlo como una actividad que tenemos que realizar y que nos proporcionará conocimiento y aprendizaje.
  2. Establecer un hábito de estudio. Muchos de los fracasos escolares y académicos vienen como consecuencia de no poseer un hábito de estudio apropiado. La rutina dentro del estudio es fundamental para tener éxito. Es recomendable estudiar cada día un poco, que estudiar el último día mucho. Nuestro cerebro trabaja mejor cuando vamos administrando pequeñas dosis de conocimiento. Estructura y organiza mejor la información que si aportamos todo el conocimiento de una vez. Esto último suele provocar una saturación y hacer que la información no quede fijada. Por tanto, estudiar una o dos horas diarias favorece el aprendizaje.
  3. Establecer horarios de estudios. Debemos tener en cuenta que el periodo de tiempo en que nuestra concentración se mantiene de forma adecuada, gira en torno a la hora. Por tanto, se recomienda planificar periodos de estudios de hora u hora y media, y establecer descansos de 10 minutos. En estos descansos debemos salir del lugar de estudio (sea nuestra habitación, o biblioteca). Estos no deben superar estos 10 minutos, ya que romperíamos el ritmo de estudio. Este tiempo es idóneo para descansar nuestra mente y para no romper la rutina que llevamos.
  4. Establecer un espacio de estudio. Ya sea en nuestra casa o en la biblioteca, es importante que tengamos un lugar donde estudiar. En casa, se recomienda tener un lugar exclusivo para el estudio, generalmente en nuestra habitación, donde encontremos la tranquilidad suficiente y tengamos a mano todo lo necesario. Si estudiamos en biblioteca, se aconseja hacerlo, siempre que se pueda en la misma zona o sitio. Esto sirve para condicionar ese lugar a la actividad, facilitando el aprendizaje.
  5. A la hora de planificar nuestro estudio, es importante jerarquizar las tareas y establecer un orden de prioridades. Es decir, normalmente, tenemos muchas actividades, tareas que realizar. Obviamente, no podemos hacerlas todas a la vez, y normalmente no tenemos que entregarlas todas al mismo tiempo. Por ello, debemos jerarquizar por cual asignatura debemos comenzar, y así sucesivamente de más urgente a menos. Esto nos ayudará a optimizar el tiempo y resolver una de las quejas  y situaciones de estrés más características de los estudiantes como es “no me da tiempo”. Es necesario que cuando estemos con una asignatura, nos centremos en ella y olvidemos de las demás. Si tenemos planteada nuestra programación, podemos eliminar el pensamiento de nuestra mente de cuanto nos queda por hacer. Esto nos ayudará a fomentar la concentración.
  6. Una estrategia para facilitar el hábito y reforzar la concentración y por tanto mejorar el estudio, es la utilización de técnicas de estudio. Entre ellas las dos principales son los esquemas y los resúmenes. Los esquemas y resúmenes, así como subrayar los aspectos más importantes, ayudan a nuestro cerebro a organizar y fijar mejor la información. Son recursos didácticos que facilitan el aprendizaje y ayudan a estudiar. Los esquemas, como su propio nombre indica, no pueden contener toda la información. Se deben estructurar con los conceptos básicos, de tal forma que de un golpe de vista, veamos toda la información. Si queremos ampliar alguna información, entonces recurriremos al libro o apuntes. 
  7. Otras estrategias para iniciar el tiempo de estudio, adaptarnos a él, y comenzar a concentrarnos, es:

Emplear cinco minutos en ver y organizar que haremos hoy. Esto nos ayudará a introducirnos sin darnos cuenta en la dinámica del estudio.

Repasar, si estamos en época de exámenes, lo que estudiamos ayer, en cinco o diez minutos. Este tiempo empleado serviría como “calentamiento” para introducirnos igualmente en el estudio.

8. Por último, una estrategia para facilitar la concentración, consiste en escuchar música  de fondo al estudiar. La música debe ser suave y melódica. Esta estrategia hace que nuestro cerebro se concentre de una forma más eficaz y nos ayude al estudio.

Estas sencillas estrategias, fáciles de seguir y poner en práctica nos ayudarán a eliminar esas dificultades que en época de exámenes suelen aparecer. Sin duda, ser firmes en su aplicación, nos resultará de utilidad para alcanzar nuestros objetivos y el éxito.

El engaño de los horóscopos

De todos es sabido, que las predicciones de los horóscopos de las revistas, periódicos, etc., son un engaño. Sin embargo, también es cierto que cuando uno, escéptico en estos temas, lee por curiosidad su signo zodiacal, encuentra en muchas ocasiones coincidencias. Si ponemos la televisión y vemos algunos de estos programas donde aparece un supuesto “vidente” echando las cartas del tarot, o quizás algo más rocambolesco como conchas, piedras, velas, etc., observamos como la capacidad de persuasión es alta y la persona que llama, se suele sentir completamente identificado con aquello que su vidente le pronostica.

Pero ¿realmente estos videntes, el tarot, los horóscopos predicen lo que nos ocurrirá? ¿Nos ofrecen información válida y fiable sobre el devenir de nuestro futuro?

El engaño de estas predicciones está descrito en psicología mediante el Efecto Barnum, dentro del enfoque clínico de la personalidad.

El efecto Barnum consiste en realizar una predicción que verdaderamente no se corresponde con la persona, sin embargo se presenta bajo términos muy generales, ambiguos y vagos sobre el tema en cuestión (ya sea amor, dinero, salud, etc.) . Se suelen utilizar algunos términos técnicos, con frecuentes afirmaciones dobles e información favorable o moderadamente favorable para una muy amplia muestra de la población. Es por ello, que la información que se proporciona, con mucha seguridad, coincidirá con nosotros.

Ante este tipo de valoraciones, también se ha demostrado científicamente, como la gente presenta un elevado grado de aceptación, sin llegar a cuestionar la información que se les ofrece.

Así mismo, se juega con unas altas expectativas de escuchar lo que uno quiere escuchar, y aceptar incondicionalmente esa información.

Por tanto, queda demostrado que las dotes adivinatorias de las que algunos presumen, simplemente son un buen manejo de la información que nos transmiten y que queremos escuchar.

 

Fastidios cotidianos o “daily hassless”

A lo largo de nuestra vida, solemos enfrentarnos a nuevos retos y dificultades que debemos afrontar. Aparecen problemas económicos, familiares, laborales, etc., que alteran la estabilidad a la que estamos acostumbrados, y que puede provocarnos cierta ansiedad. Sin embargo,  diariamente aparecen situaciones, que suelen darse con frecuencia, y que a simple vista no suponen un problema o acontecimiento extraordinario a superar. Son circunstancias vitales que aún sin tener categoría de problema, si nos generan estrés. Son los llamados “fastidios cotidianos” o “daily hassless“. Experiencias cotidianas estresantes, de efecto acumulativo que tienen repercusión en nuestro estado de ánimo. Normalmente, los fastidios cotidianos suelen ser de tipo interno, como por ejemplo una dificultad personal para realizar alguna actividad o tarea, o de tipo externo o contextual, como por ejemplo tener un vecino ruidoso. Generalmente pasan desapercibidos  ya que se dan la mayoría de los días, pero estos pequeños inconvenientes que tenemos que solventar para continuar adelante, van agotando nuestras energías. Los fastidios cotidianos dependen de la persona y su entorno y varían desde madrugar, soportar al jefe, un atasco, o encargarse de las tareas domésticas.

Los síntomas más habituales suponen cansancio, agotamiento psicológico, irritabilidad, y poca tolerancia al comportamiento de los demás. La persona que poco a poco va gastando sus energía en estos fastidios cotidianos, tiene la sensación de perder la paciencia con facilidad, y tiene reacciones desproporcionadas a los acontecimientos normales. En definitiva, la persona refiere sentirse estresada.

El afrontamiento negativo de estas situaciones que inevitablemente tenemos que hacer frente cada día, provoca una alteración en nuestro estado de ánimo, que sin llegar a provocar episodios depresivos, si puede hacernos sentir mal. En muchas ocasiones, escuchamos a muchas personas decir, que verdaderamente no tienen un problema importante que les pueda crear angustia. Que su vida es normal, pero sin embargo tienen este estado alterado.

Si nos paramos a pensar, ¿de qué forma nos enfrentamos a estas circunstancias? ¿Cuáles son nuestros pensamientos? ¿Qué nos decimos ante estas situaciones?

Nuestra forma de enfocar estas situaciones, es determinante a la hora de sobrellevar los quehaceres de nuestra vida. Un buen afrontamiento de los fastidios cotidianos, consiste en otorgar a la situación su importancia real. Cuando nos dedicamos a “terribilizar” sobre acontecimientos que no poseen mayor importancia,  la situación se vuelve insoportable. Así, simplemente el hecho de pensar que mañana se volverá a repetir, nos hace percibirnos incapaces de superarlo y de soportarlo nuevamente. Pero, ¿verdaderamente es tan terrible, es tan insoportable?

Debemos plantearnos, si realmente nos merece la pena dedicar tanto tiempo y energía a esa situación. Porque ¿qué control tengo sobre ella?  Por tanto, es importante, relativizar los acontecimientos que nos suceden en nuestra vida, y etiquetarlos,  según lo importante que son. Consumir energías en algo que sabemos que se encuentra fuera de nuestro control, y que inevitablemente tenemos que vivir, como un atasco, nos afecta negativamente en nuestra salud psicológica. Tomar estas situaciones con humor, también nos ayudará a restar importancia, y cambiar nuestra perspectiva sobre el acontecimiento. Es necesario aprender a tolerar las situaciones que no nos son favorables y así regenerarnos un mayor bienestar.

©Alvaro Rodriguez Mora 2017

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