La motivación del paciente

En algunas ocasiones hay pacientes que abandonan la terapia comentando que no notan que avancen o que no ven mejoría. Es lógico que la angustia que invade al paciente respecto a su problema les haga tener prisa y que esto supone una gran esfuerzo por su parte. Muchos pacientes plantean que es muy difícil y siempre les digo que jamás se dijo que cambiar fuera fácil. Ante esta situación siempre planteo la misma reflexión. Un problema o trastorno que viene generando malestar durante meses o años, no puede eliminarse en una o pocas sesiones. Hay que ir despacio, asentando las estrategias terapéuticas que luego generalizaran el cambio. Así mismo, el paciente debe saber en todo momento que es él quién genera ese cambio, no el psicólogo. Éste último, identifica y evalúa el problema, establece los objetivos terapéuticos y dice cómo llevarlos a cabo, sin embargo es el propio paciente quien tiene que poner esas estrategias en marcha y provocar “su cambio”. De poco sirve establecer una terapia ajustada al paciente si a la persona que se la proponemos no la lleva a cabo.
Cierto es que es nuestra responsabilidad motivar e implicar al paciente en el proceso terapéutico, pero nunca podremos reemplazar la motivación interna de la persona a querer cambiar.

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