La postergación

La frase que podríamos utilizar para resumir la postergación podría ser “mañana sin falta lo hago“. Sin embargo, al llegar mañana, nos volvemos a dar esta premisa, y así sucesivamente. Esto provoca que sin darnos cuenta, esta actitud se convierta en una actitud de vida, tendiendo a postergarlo todo.  Siempre se espera ha hacer las cosas un día que nunca termina de llegar.

La postergación en sí no es negativa. Existen muchas cosas que no llegamos a hacer porque no nos da tiempo o no hemos podido realizarlas. Aquí, no tendríamos problema alguno. El problema surge cuando deliberadamente vamos dejando las cosas sin hacer, buscando excusas que nos hacen postergar. Una de las excusas más frecuentes es el miedo al fracaso. El sistema de pensamiento que suele aparecer es “Sé que debo hacer esto, sin embargo, temo hacerlo mal“.

Convertimos una excusa en una creencia, la cual puede ser peligrosa ya que plantearnos una actitud de fracaso, puede llevarnos a bajar nuestra autoeficacia, es decir, la creencia de que podemos hacer las cosas. Creamos unas expectativas erróneas de futuro que nos bloquean a la hora de actuar.

Otra excusa evidente en la postergación, es que permite evadirse y evitar actividades desagradable o a las que no nos gusta enfrentarnos. Aunque en un principio, podamos sentir cierto alivio al evitarlas, el hecho de saber que teníamos que hacerlas, nos provocará malestar.

La actitud de postergación, nos va generando una elevada inseguridad y desconfianza en nosotros mismo, y comenzamos a elaborar pensamientos como “Esperaré a que se solucione por sí mismo“, o “Quizá se solucione solo“. Estos pensamientos además de ser erróneos (ya que las cosas no se solucionan solas), nos transmiten una alta sensación de pérdida de control hacia las cosas que nos suceden, es decir, perdemos las riendas de nuestra vida.

Otra de las actitudes propias de la postergación es la QUEJA CONTINUA. La persona que posterga, está continuamente quejándose de todo lo que “debería” de hacer, pero que no hace. Pasa más tiempo ocupando su queja en este malestar que haciendo lo que tiene que hacer. Esta actitud, refuerza su ineficacia, y le hace sentirse aún peor.

El resultante de una actitud de postergación es el aburrimiento. Cuando se posterga y se malgasta el tiempo no haciendo nada como alternativa a hacer algo, surge airoso el aburrimiento.

Hemos visto que todas estas excusas, nos pueden hacer sentirnos cómodos en nuestro sistema de autoengaño, pero mentirnos a nosotros mismos no hará que las cosas cambien. Es por ello, que es el momento de de reconocer nuestra actitud y actuar.

Así que,… ¿Qué podemos hacer para dejar de postergar?

  • Eliminar las excusas y darnos cuenta de nuestra actitud de postergación.
  • Actuar. La mejor forma de romper la rutina de la postergación es comenzar a hacer cosas.
  • Redactar una lista de las cosas que tienes que hacer. Ordenarlas de menos costosas a más costosas y comenzar a hacerlas.
  • Reforzar las cosas realizadas. Premiarse cada objetivo alcanzado. El refuerzo de lo logrado es el mejor motivador para actuar.
  • Olvidar el fracaso. Preguntarse, ¿qué es lo peor que puede ocurrir si hago esto? Veras que no pasa nada.
  • Las cosas no se arreglan solas, haré que se arreglen.

 

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